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Full text of "Educacion Artistica"

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Educación Aríísíica 



Luisa luisi 



Educación Artística 



Trabajo pintailo al [oopeso Intritaio del Hilo (ll-2¡ Hayo 1919) 



MONTEVIDEO 
r.NTA Y CASA EDITORIAL " RENACIMIENTO ■ 
^ ■ MERCURIO ■' DE LUIS Y MANUEL Pf.WtZ 
CALLE r.S DE MAYO 483 



Educación Artísíica 



r 



s Nmv^tr.i fí|ioi;¡i. — el ^riiii escultor Rodin muerto li:icc 
poco tiempo. — es l:i «¡poca 'lü los iiiü;'inii>ros y «lelos ilii'Ccto- 
ri's lili usiiiiis. pero no ili^ lixs ;u ti.sLiis. 

Se liiiscii lii iitiliilíiil 011 l;i viil.i iiioilernn ; se trata de mcjo- 
i-iir lii existencia injitori.ilutcnto : la eiuneia inventa todos los 
ilin.s nuevos promuiímitMitos paru :ilinii>nt:ir, vestir o transportar 
a los iioinijres : rai)noa. w-onómicamentc. malo» proiliictos para 
llar al mayor número pusililit ile pttrsonas, placeros (iü iliulosa 
cali'liul : i;s verdad ijiio aporta, tanil)i<M). reales perfocciona. 
luiontos a la satisfac.i-.ión >!•> todas nunstras necesidades. 

Porn id espíritu, id pousaniiiínio. el en.sncíio. quedan ahau- 
di>nados: ya nailio picmsa .>n cdlos. VA Arto luí muerto ^. 

Tal i;s ul .¡;ran.¡<.' y justilit-ailo ri»proi;he "jiio el nuevo r.\'^\o 
d¡rii«' iil .si'ílo pasado : !a proriísta ilel alma insatiafeclia on 
niudio lii- las coinodidadi-s ron ipu: la inenria v la imlustria 
lian roiicailo a la c'Ntstum'i.i liiiinana. lín botón eléctrico liastn 
para darnos lo/, y calor: lialil.inios. sin niovfiruos ile nuestra 
linhitarii'iii i-on nuestros in.is di.>;iaiiti;< amibos ; un njinutr» es 
suilciiMUf para i ríiuspurlariios a las mayores ilistancias por un;- 
'lio i|i;i .iiii.iuiovil o 'li ¡ iianvia eléelri. ii : ol üosm). la i;xpr<.!«i n. 
"1 ril'Mo. i;l iiiiiviuiieiifo y !:i :;racia. )?oidMrai:. vivos, on ci 
•'.iiiiímaiiijíraiV.. roi;ii'j:rar¡¡i aiiiuiada ipio ^.ní'i'da ■.•t<?rnaniu!i'.u 
viva la por-so nulidad 'üinnana: d '^spaeio. si'dm.'ido y cciudnis- 



tado por In audacia del hombre, «e lo ontregu, sumiso ¡ el dolor 
físico se declani vencido y 1a ciencia rehace, niarnvillosamon'íbi 
el trabajo de la Naturaleza mutilada; pero en incdio de la 
satisfacción de sus más fantttsticos deseos, colmados por la 
sabiduría y el ingenio, el alma se siente prisionera de rtus 
mismos placeré» y de sus mismas comodidades, ausente de 
toda esa maravilla que la rodea como nn palacio encantado, 
huérfana de Belleza y sedienta de Ideal. El Arte, sofocado por 
la vertiginosa comente del progreso, aturdido, enervado, presa 
del vértigo de la velocidad universal, se siente, abandonado, 
agonizRr. Porqiie solo el Arto, en medio de la satisfacción de 
todos los apetitos, en medio de esta Mil y una noches do la 
ciencia puede darnos aún la ilusión de Infinito, y calmar aun- 
que sea pasajeramente nuestra sed ardiente de más olla. < Porque 
el Arte, dice aún el gran Rodin or contomplai-.ión ; es el placer 
del espíritu que penetra la Naturaleza 3' adivina el Espíritu 
que la anima ; es la alegría de la inteligencia que ve claro 
el Universo y que lo vuelve a crear, iluminándolo du concien- 
cia. El Arte os la más sublime misión d<^l hombre puerto que 
es el ejercicio del pensamiento que trata de comprender el 
mundo y hacerlo comprender h los demás. El Arte es aún ol 
gusto ; 09, sobre la habitación y el mobiliario, la ennrisa del 
alma; os el encanto del pensamiento y o¡ ^jsntimiento incor- 
porado a todo lo que utiliza el hombre ». ( L'Art — conrversa> 
ciónos recogidas por Paul Gsell). 

Pero a parte el encanto insustituible que el Arte aporta h 
la vida parece en ai un' fin más alto y más noble, un 
canlcter más serio y más profundo, que lo vincula íntimamente 
al ñn mismo, y al mismo deslino del hombre. Nadie mejor 
que Guyau ha reclamado para el Arte un puesto soberano en< 
tre lus actividades dul espíritu : nadie mejor que él ha puesto 
eu evidencia su valor sociológico; todo lo que en sí encierra 
de elevación, de nobiem, de desinterés, c El Arte — dice Gu- 
yau — es una extensión do la sociedad, por el sentimiento, a 
todO!:-. los seres de la Nat^irnleza; y hasta a los seres concebidos 
sobrepujando a la naturaleza, o en fin, a los aeres ficticios 
crea(ins por la imaginación humana. lia emoción artística, es 
pues, cscni'.ialmeiite social. Tiene por resultado ampliar la vida 
individual haciéndola confundirse con una vida más extensa 



y univorBulJ Ln ley interna del arte es producir una ettoción 
eatéticii de iiirácter social i. 

f Del fondo incoherente (y discordante de las sensaciones y 
de los sentimientos individuales — dice a su vez Fouillée en 
el prefacio de « L'urt au point de viie sociologique » — el arto 
desliga un conjunto de sensaciones y de sentimientos que pue- 
den resonar en todos a la vez o en una gran parte, que pueden 
por lo tanto dar lugar n una asociación de goces. Y el carácter 
de estos goces es que ya no se excluyen mutuamente, a lu 
luanera de los goce» egoístas, sino que por el contrarío están 
en esencial solidaridad. Cojr.o la metafísica, como la moral, el 
arte arrebata al individuo de su vida propia para haiterle vi- 
vir la vid» universal, no ya solamente, por la comunión de 
ideas y de esencias, por la comunión de voluntades y de ac- 
cion»»H, sino por la comunión misma de sensaciones y de sen- 
tiir.ientos. Toda estética es realmente, como parecían creerlo 
los antiguo», una música, en el sentido di que es una reali- 
7.ación de nruionías, sensibles entre los individuos, un medio 
de hiiocr vibrar simpáticamente tos corazones como vibran los 
instrumentos a las voces. Así pues, todo. arte es un medio de 
concordia social, y tal vo% más profundo aún que loa otros; 
pues pensar dol mismo modo, es. sin duda, mucho, pero toda- 
día no es bastante para hacernos querer de la misma manera ; 
el n;ran seisrtito es hacernos sentir n todos de igual modo, y 
tal es el prodijrio que realiza el arte >. 

«La solidaridad aociul, agrega aún Guyau es el. principio 
de Ih 'omoctóu estética más alia y más compleja >. | 

Si no ])odemos ya, como quería Platón, asimilar el Arte al 
Hion y íi la Verdad, sin embargo debemos reconocer que 
es el [ircciirior de la moralidad y un eficaz colaborador suyo. 
£1 alma :cás capa/, de sentir profundamente la Belleza, aún 
.sin poder realizarla es también el alma más capaz de 
amar la virtud y de sacrificarse a ella. « La emoción estética 
— dico a !5U Paul tianitier — despierta nuestra potencia de 
amar, y fou olla el deseo y el apetito de las grandes cosas. No 
Iniy oxpeclador ni oyente que sea tau plácido, si "está dotado 
de :>,lguna s'.!n»ibilidad, que en presencia de la Victoria de 
Sasu-Jtriicin o do la < Sinfomu en Re menor» de César Franck 
no se sienta levantado por uu soplo generoso ». 



— 8 — 



Ella nos eleva por sobre toiliis Ins miserias y por sobro to- 
iliis liis bajezas; nos aparta ile todo interés y de todn ambí- 
ción y c nos acostumbra u lotipirar ol airu m¿s puro, que. 
como el de la niiiia d« las altns montañas, circula más arri- 
ba que todas las mezquina» pieocitpaciones, y nos espiritnn- 
li'.a, por decirlo nsí, solo por el desinterés», ( Gaultier ). En 
este sentido decía Hogcl que el Arte nos eleva a una esfera 
superior. 

Peio hay algo más aún. El Arte es ante todo, generosidad. 
Nadie mejor que De Atussob en kus admirables versos de 
c La Nuít' d'Octobre» ha pue.sto de relieve el dolor del ar- 
tista que, como el pelícano, arranca su propia carne y su 
propia aniigre para entregarla en la obra roaliüada al apetito 
(ispiritual de sus admiradorfiis. 

Y no es solamente 1» crea'^.ión artística, generosidad. Para 
admirar y amar una escultmii, un cuadro o una poesía, es 
necesario despojarnos linsta cierto punto de nuestra propia 
pei'sonalidud, libertarnos (io la ciipa de prejuicios, de egoís- 
mos, que envuelven, como ia dina cáacara al fruto, la parte 
noble y elevada de nuestro corazóu. Ej necesario abrirlo am- 
piiamento a lúa emocione;;, ai dolor. ;i la exaltación, al fervor 
del artista que los creó: rohiicor, ea una palabra, con nues- 
tros propios scntiminntos, lu Belleza encerrada en oí múrmo! 
o uu lu estrofa; comulgar con el alma del artista, y sufrir o 
llorar con la misma intensidad de plnucr o de dolor que ál. 
La emoción oslóbica no.s lincu colaborar así en la obra de 
Arte, en la n>ed¡da de nuosrra ;>ropi:i sensibilidiul ; y do la 
admiración que ella dosniorla pnilKinos juzgar «1 alma que ia 
coalemplu. No hay acü¡vi.I:iii Juunnu-; que u.xija, en este sen- 
tido, una mayor abui-r-aviñu, ,v qui; "uviquezca uaí con toda 
ia personalidad del arti^iti-. ia [>er¿onaliiliid del espectador. El 
.-Vrto no£ lleva a penetrar Koii<iaiu(v.it;> e! alma de r.uea- 
Irüñ &'en'i(Nante!f. Adírca li-s coriixomis, rc:<li<:a ¡a mutua com- 
proü.sii'iu- y os nsí el ."^enu- nula isli-iay. y mÁa activo ile la frii- 
terni'iiu: huniuna. 

• íiA einoción arr.>sl:cíi, pites, nn 'if^Huitira, la uniciMÚtt 
.sov^ial ((ue nos hace .seiiii-.- uu.i vi \;t ;-.niilo;»a a la nuestra y 
aproximada a la nifostra. ;• «r <>! artista : al piacisr •lirecto de 
ld3 seusAuioneM agrri.ilablcv. ( senía -i-'sn del ritmo, de los so- 



. nillos, o d(¡ Itt armonía de los colorea ) se uno todo el placer 
que obtenemos del estímulo simpático de nueotrn 7idn en la 
sociedad de los sores imaginarios evocados por el artista ». 
(Guyau). Por lo que tiene de desinteresado se acerca íntima- 
mente n la virtud, que os desinterés; y solo difiere de ella 
en que encuentra finalidad y término en ai mismo, ni paso 
que la virtud no se satisface nunca en ella sola. 

Por lo que tiene de entusiasmo, de olvido do sf, de pureza 
absoluta en sus intunciones, el Arte os ya una forma de Vir- 
tud y de Bien. 

• Y como el Arte, os por excelencia un fenómeno de socia- 
bilidad — puesto quo estii fundado por completo en las leyes 
de simpatía y de trasmisión de las emociones — es claro que 
tiono en sí un valor social ; en realidad, conduce siempre, 
sL'a a adelantar, a retrasar a la sociedad real en la cüal 
se ejerce su aceitan, ee^ún «{ue la obligue a simpati'/ar, por 
medio de la imáginación, con una sociedad mejor o peor, re- 
presentada idealmente. En esto consiste para bI sociólogo, la 
moralidad del arte, moralidad completamente intrínseca e in- 
manente, que no es el resultado do un' cálculo, sino que. se 
produce aparte de todo cálculo y de todo rebuscamiento de 
lines. La verdadera belleza artística es moralizadora por sí 
misma, y ea una expresión de la verdadera sociabilidad. So 
puede reconocer por término medio la salud intelectual y 
moral del que ha escrito una obra, en el espíritu do .sociabi- 
lidiid verdadera de quo está improsa osa obra ; y si bien el arte 
no es una tosa dislinfa de la moraf, os siu eiiibiirgo un excelente 
testimonio para una obra de arte el que, después do haberlo 
leído, so sienta uno, nc más doliente o más ecrüecido, sino 
mejor y elpvíaío por encima do bí mismo ; más dispuesto, no 
a recogerse on sus propio» doloreí*, sino a souMr su vanidad. 
Finalmente, la man olavadu obra de arte no está producida para 
excitar en nosotros sensaciones más agudas, y raás intensas» 
BÍi)o sentimientos más generalna y ma.a sociales! • (Guyau). 

Y cuanto más iioblüs y más puros son los .sentimientos que 
inspiraron la obra de Arte, con mayor fuerza y con más efi- 
cacia esos mismos sontiniiencos se trasmiten al espectador. 
Una obra de arte es Uinto más /grande cuanto miie olov.-ido sea 
el Ideal que la innpiró. 



— 10 — 



No creo que la perveraidml o In bajeza puedan dar naci- 
miento sino a un arte inferior, que si puede poner de mani- 
fiesto una belleza especial y extraña, no tiene, sin embargo 
la virtud de contagiarse y comunicarse, como el Arte noble, 
en una soberana comunión d« idealidad. 

La moralidad del Arte, que tantas discusiones ha originado, 
no debe entenderse por el sujeto de la obra, que es en él 
mismo indiferente, puesto que la Belleza reside más aden- 
tro que en las líneas y los colores: en la íntima y secreta 
intención, en la inspiración profunda del nrti.Hta. en el alma 
misma, que se comunica a loa demiiA por medio do la línea o 
del color. Un sujeto esencialmente moral como lo es la San- 
ta TorHsa de Jesús, de Bernior puede ser inmoral por los 
sentimientos do amor profano que sugiere, al paso quo algu- 
nos cuadros de Hogarth son profundamente morales por la 
intención del artista y los sentimientos asociados que inspi- 
ra; aunque tengan por sujeto, como tienen, la orgía y el cri- 
men. Pero adquiero, en cambio, fuerza irresintible la obra de 
Arte cuando el sujeto, de acuerdo con los íntimos sentimien- 
tos del autor se dirige a la parte más noble de la Naturale- 
za humana. Toda la piedad, todo el amor a loa humildes 
que destilan loa cuadros du Millet'; la serenidad 'de Puvis de 
Chavannea, el sufrimiento y la nobleza de laa sinfonías de 
Becthoven, la uoiiipastón y la caridad de la. Pietá de Miguel 
Auge!, los colocan por encima de todas las obras de Arte por 
la profunda fraternidad, por la infinita bondad, por la subli- 
me moralidad de que ellas e^tún impregnadas. El Arte puede 
en !sí mismo no ser moral ni inmoral, pero í\s irresistible 
cuando se transforma en el iiitérprctu du la paite mejor de 
la humanidad. 

La vida misma del artista pono cu la obra de Arte uu rc- 
llejo inconfundible de Belleza, y aumenta así su valor moral 
y artísticK). Amumo.H tanto más la música del inimitable sor- 
do de Bohnn cuanto mejor coiiocenio.M .<;u vida da inagotables 
sufrimientos; un profundo respeto se une a la admiración 
que nos causan Ins obras de Leonardo o de Beato Angélico 
cuando conocemos las vida.s d.) abnegación y du purera do 
ambos pintores, al paso que las obras maravillosas de Celli- 
iii nod inspiran un sentimiento extraño, como de algo trunco 



— 11 _ 



o incompleto, como si el lUma del artista, culioinando en In 
Belleza suprema de sus obras, apareciera unte nuestros ojos» 
incoinplet& o malograda, como esas ñores maravillosas en su 
delicadeza y su perfume que abren la hermosura de su coro- 
la sobre el lodo de un pantano. Más que a ningi'in otro 
hombre, exigimos al artiáta la perfección moral, como si 
la Bdlleza quo ellos están encargados de realizar en el 
mundo, fuera solo una faceta de lu Perfección Absoluta, y 
que pide por tanto completarse en cierto modo con lu Belle' 
za moral. Y porque es en realidad, como lo sostenía Platón, 
nnu fn«! solamente del Ideal, que ól llamaba Dios, solo ad- 
quiero su poder deGnitivo cuando, se une al Bien y a In Ver- 
dad y fracasa irremediablemonto cuando orgulloaa de su 
fuerza pretendo ^epararae «lo sus hermanas y erigirse ella 
sola en prin cípio único de Inconducta humana. El estetisiAo, 
como escuela, debía por ese solo hecho fracasar. Separándose 
de la Vidn, constituyéndose él solo en fín de la existencia 
humana, viviendo do sí miamo, como el Narciso de la fábula, 
en propia y eterna contemplación, Bustituyóndose a los altos 
y nobles fines de lu conducta humana, el Arte e.>4 una planta 
cnyus mices han muerto y que si bien puedo aún ostentar el 
verdor de sus rumas y la maravilla de ñus florea es solo poi- 
que conserva aún parte de In savia que absorbieron sus raíces 
en otra época : pero que está fatalmente condenado n perecer. 

El Arie por el Arte on una fórmula que solo puede condu- 
cir a su esterilización definitiva; una aberración del sentimiento 
estético, una desviación del mismo, que lleva por eso en 
sí, los ^érmene.s de su propia destrucción, c La acUvided 
ñrUstkf. dice Paul Gaultier - que consi.ste en abstraerse de! 
mundo, en no considerarlo más que como una abstracción o 
un esv-ectáculo y por último en abstenerse de obrar, lejos de 
Súr la lior y la culminauión doi sentimiento estético es una 
dcHT-iacióu de! mismo, por todo lo que implica de corrompido 
o en vías do. corromperse*. Ha descrito niaravillo.samente 
Huysr^mn.n t^l ÜJi a que conduce u»ta aberración del sentimiento 
estético, cuando como en el Des Esseintes de • A rebours » 
sustituyo tíl arte a ¡a vida y se crea un mundo ficticio y ab- 
surdo para refugiarse en él, lejos del mundo verdadero y tan- 
gible. E.>itas mismas aberrauionea como las de lu Mme. Bovary 



- 12 - 



lio Flanbert, que .ion el reaiiltado de una verdadera intoxicíi- 
ción literaria, lejos ile probar la inmoralidad o el peligro del 
Arte, prueban las consecuencias funestas que trae para él mis- 
mo aparejadas el separarse y dospi-eciar al Bien y u la Verdad. 
Si el Arte no es verdaderamente moral, ni inmoral, es en cam- 
bio nu aliado precioso del Bien, y de él necesita para Bubsi:)tir, 
como éste se apoya en ol Arte, y cobra a su influjo fuerza 
mayor sobre la humanidad. 

No, los artistas no son inútiles en el mundo, como preten- 
dió demostrarlo un furor utilitario quo felizmonto decae y 
pasa. Ellos • hun devuelto a la vida, segñn dice Valle Inclán 
-'SU significado religioso, divinamente bello», y liau sustitui- 
do con el Arte, esa aspiración al éxtasis y al misticismo que 
fué hasta ahora atributo exclusivo do las religiones. Ellos po- 
nen sobre toda la existencia liumana, un:i sonrisa de Belleza 
que es 3'a felicidad y la fóitcidad es tan necesaria al 
hombre como la exiHtencin ; vllos exaltan y purifican los 
j^entimientos, y, como lo hace notar Rodin magistralmente, 
anuncian oon sus obras, la .nociedatl que ha de venir. • Poussin, 
dice el escultor- maestro pintaba bajo Luis XIII, obras 
maestras cuya nobleza regular presagia el carácter del reino 
Btgnioate, Watteau, cuya gracia negligente parece haber pre- 
sidido todo el reino du Luis XV, no vivió bajo ese rey, sino 
bajo Luis XIV y murió bajo la Regencia. Chordin y Greuze, 
que exaltando el hogar burgués, parecen anunciar una socie- 
dad democráticu vivieron durante la monarquía. Prudhon, 
místico, dulce y cansado, reivindicó, en medio de las estríden- 
ti'.s fanfarrias iinporiBlos., el dorccho do amar, de recogerse en 
sí mismo, de soñar; y ho uürjró nal, el precursor do los ro- 
mánticos, y más cerca de nu.sotroí, Coubert y Míllct, han e^^o- 
ciido biijo el 8e<;Mndo Impciio ina fatigas y la dignidad de la 
clase popular, que más adnlautc, bajo ta tercera RepúblicB; 
debía conquistar un ln<x-ar tan pre]ioniicrantu en la sociedad, • 
( L'Art ). 



- Í3- 



Por su influencin sobre la vida humana, por sus íntimos 
Ibkos con el Bien y la Moral, por la sugestión profunda de 
sociabilidad que encierra ; porque es él c el reino do una jus. 
ticia superior' al decir de Théopliile Gautier; porque en sus 
dominios encantados puede refugiarse el hombre dolorido y 
maltrecho en la lucha por la existencia ; porque crea un mun- 
3o superior al mundo tangible en que vivimOH, por todo el 
consuelo y toda la felicidad de que es fuente inagotable « el 
Arte no debe ser, como las demás grandes cosas, el privile- 
gio de algunos iniciados, sino el bien común de la mayoría». 
(Bontroux). El ha sido sin embargo, y sigue siendo, reser- 
vado a una minoría aristocrática que, por sus condiciones de 
educación, de cultura, de ociosidad o de riqueza han hecho 
do él un dominio cerrado a las grandes y nobles aspiraciones 
del pueblo. Si la democracia es, como lo pretendió Renán 
enemiga del Arte es, precisamente, porque nadie se había 
preocupado hasta ahora, de poner el Arle ál alcance de la 
democracia; Esta antinomia irreductible hasta hoy entro el 
Arte , aristocracia del espíritu , refinamiento del gusto, 
y la muchedumbre, impulso primitivo y primitivo ins- 
tinto , ha inspirado mucho» anatemas contra . la den>o- 
crncia, muchas condenaciones, n mi ver injustas, y el endio- 
samiento y el ; echar de menos otras formas de civilización^ 
que alejadas de nosotros en el tiempo y en la distancia, apa- 
recen embellecidas ante nuestros ojos, con el prestigio de la 
historia y de la literatura. Si es cierto como lo reconoce Piazzi 
en sn bien meditado libro • El arte en la muchedumbra > que 
éste no puede desarrollarse y prosjierar porque la muchedumbre 
carece de la cultura, do la storenidad de juicio, de la educa- 
ción de sentimiento necesarias a su florocimionto ; si bien es 
cierto, como dice ni mismo que no triunfan on la democracia 
ni la elevación y la nobleza del alma, ni I» inteligencia y el 
sabor, sino la astucia, la habilidad, el fraude, son éstos vicios 
que pueden corregirse con el tiómpo y quo no son suficientes 



- 14 - 



a hncemoa poner en olvido Ins grundezna de la libertad^ la 
igualdad. Para Piazzi, la democracia de cuya exiatencia mis- 
ma diidn como equivalente de igualdad social, es la culpable 
de una rotroneleccióii en todos los órdenes de in actividad 
moral y espiritual. «Nos dejamos deslumbnir — dice en la 
obra citada — por las aplicaciones de la cionciu, por las ma- 
yores comodidades físicas, por el perfocciouaraiento de las 
máquinas, de la industria, de loa infinitos órdenes del bienes- 
tar material que identificamos con el progreso ; pero el hom- 
bre, con mayores comodidades en los trenes, en las clínicas, 
on los tranvías eléctricos, entre torrentes de luz, sumergido 
en un bionestar alegre y general, marcha vertiginosamente 
por la vía del retroceso. El fínis ¡alinorum puede muy bien 
extenderse a un ílnis bumoniloUs que ruge ameuiLzaute desde el 
negro horizonte». Y como el Bien, anien:izado por la entro, 
nix.ación ilc las muchedumbres, el Arte, para Piazzi como para 
Rodin Orttá en vísperas de agonizar . « ¿ Y no será nunca po. 
sible que la muchedumbre se afine, se eleve por medio de la 
educación, se ponga al nivel del genio, se convierta en su 
aliada y protectora ? • pregunta luego. 

• Para que esto se realizara, agrega después el mismo, sería 
preciso variar por completo el curso do los ácontecimiontoa 
sociales ; aería preciso que la muchedumbre np fueee llamada 
a juzgar la obra de Arte sino a sentirla : sería preciso que todo 
producto artístico no fuese rodeado, sofocado, perturbado por 
la vulgaridad del entusiasmo o de los reproches inconscientes, 
sino considerado como algo sagrado con el cual tratásemos 
de identificarnos con todas nuestras energías...». 

Estos reproches, dirigidos a las democracias do todo el 
mundo, so han exacerbado más añn, cuando del terreno euro- 
peo se han trasladado ti América en donde el igualitarismo 
(Itiinocrático se complica, en el dominio del Arte con la falta 
absoluta de tradiciones artiaiicas y do nu tesoro de i-ecuerdos, 
da 'ey ondas, de obras de Arte, de monumentos, de Iglesias, 
de Museos en donde pueda calmar el artista su sed de Be- 
lleza y do Art:e, refugiándose en ell.-is de la vulgaridad y la 
mediocridad de! medio ambicntn. Y entre io;j que más acer. 
badamente han criticado a las denioorucias ile América osa 
falta de levadura artística que os la única sal de la existen- 



— 16 — 

cia y es también su más alto precio, Rodó ha dirigido eü 
especial a In denaocracia del Norte sus más enérgicas acusa.' 
ci^es. • En el ambiente de la democracia de América — dice 
en su Ariel — el espíritu de vulgaridad no halla ante sí re- 
lieves InacceRÍhIes para su fuerza de asconsióo, y se extiende 
y propaga como sobro la llaneza de una pampa infinita 

• La ferocidad igualit:ina — agrega en otro lugar — oo ha 
manifestado sus violencias en el desenvoivim.iento democrá- 
tico de nuestro siglo, ni jío ha opuesto en formas brutales n 
iii serenidad y la independencia de la cultura intelectual. 
Pero a la manera de una bestia feroz en cuya posteridad do- 
mtísticidix htibiérase cambiado la acometividad en mansedum- 
bre artera e innoble el igualitarismo en la forma mansa de 
ja (endeuda a io ulifilario y lo vulgar, puede ser un objeto real 
de ncu.sación contra la democracia del siglo XIX >. 

<c .Sobre la democracia pesa la acusación de guiar a lii hu- 
ni.'uüuad, medlocrizándolo, a un Sacro Imperio del utilitarismo 

El alma exquisitamente artista de Rodó, al condenar con 
tal severidad a la democracia americana, se dejó llevar como 
tantas otras, por el sufrimiento de sii alma superior frente a 
la incomprensión de las masas. Su espíritu refinado de esteta 
no pudo sobreponer la serenidad del juicio ai dolor de bu 
alma y sin investigar tal vez con bastante profundidad las 
causas do un estado de cosas que lo hicieron sufrir profun- 
damente en lo luás sensible de s» corazón, estampó sus fra- 
ses comlenatoriae a lu democracia, que empufian aunque sea 
levemente 1h pureza inmaculada de su obra. No es a la de- 
mocraciii como lo hace Piazzi, o Renán, a quien debemos cul- 
par (I» este ambiente tan poco propicio n la obra de Arte; y 
.solo en un arranque de lirismo, con más literatura que sin- 
cc-rldii'i. poii'emoH preferir a nuestra noble forma de gobierno, 
Ja iitror.idiid do la esclavitud y de las castas que hicieron po- 
fcibiíí üliiiá !;oi:<3, el florecimiento artificial del Arte helénico. 

>Sin i]i-.-Í2;ír, puc.H a América, y mucho menos a su forma de 
^•■ibitviKi. el iv.¡,roche de CHrocer de un Arte propio que no ha 
püúi.io fl.oreccr aún sobre su suelo, con un siglo apenas 
<!c »i>:i-,t'Vnc¡:i íibre, y puerto que es el Arte fruto tardío 
de civii¡-/,acione», necuMurio es reconocer, sin embargo que 
ul ainbirüile americano, »i no hostil, no es sin embargo, pro- 



- 1(Í- 



picio aún a las manifestaciones del Arte pnro 7 elevado, 
'El problema de una cultura esencialmente americana ha 
preocupado hondamente a grandes y nobles espíritus. Qaítia 
Calderón en el Perñ, Blanco Fombona, Dominici, García 
Qo«1oy han estudiado en sus varias y complejas ramas 
el problema de la independencia intelectual americana. Y Rodó 
que con tanto apasonamiento e injusticia culpaba a la demo- 
cracia su hostilidad al Arte, buscó sin embargo ol medio de 
curar este nial, y vmx fe inquebrantable en los destinos do 
América, exclama en eso mismo Ariel que es una hermosa 
contribución aportiuin a la solución del problema sociológico 
(le América: «La democracia, entonces habrá triunfado defi- 
nitivamente. Y ella que cuando amenaza eon lo innoble del 
rasero nivelador justifica las proteataa airadas y las amaigas 
melancolías de loa que creyeron sacrificados por su triunfo 
toda distinción intele>itiial, todo ensueño de arte, toda dolica- 
do/.a de la vida, t«udrii aón más que las viejas aristoiracias. 
seguros inviolable» para el cultivo de las llores del alma que 
se marchitan y perecen en el ambiento de la vulgaridad y 
entre las impiedado:^ del tumulto». 

No es, en efecto la democracia, como forma dn gobierno, 
culpable de la mtídiocrivlad y aim de la hostilidad del am- 
biente americano r, toda raanifcstación desinteresada de Arte. 
El modo de formación Je las sociedades americanas, sn con- 
tinuo renovamionto a influjo de corrientes inmigratorias no 
depuradas, la falU d.^» rvadicionen artísticas y en general, inte- 
lectuales, flii dependc.icia absoluta, económica y espiritual, de 
Europa, su juventud que no Ic ha |)erniitido aún definir 3' 
afian^iar su personalitlad en vías de formación, son cau.<ios 
suficientes para qi:r: no exi.sta ¡lón un arte esencialmente 
americano, ni biqiiiera üna tendoiicia natural al arte que per- 
mita sospechar su cc-vcnno advenimiento. Sólo Ir. obra lenta 
di>, la ftdiicacií'in, '¡inffírznnclo por afinar el alma primitiva 
iit* los niños pv.r.-. (üripirse luego a 1 corazón do las 
musas iao'jitad, iifiiú püíib'o !a r,rn|;iiración de un medio que 
lojo-s de .ser i'.osíil v .j..iMn¡go -le toda munife.slación do cul- 
tura supoiior. i'C»-;oj:i ir. su av.x-.o, para :ibrigarla.s co7i el cnlor 
de su admiración y simpatía, toila» las actividades (le.s¡ntere- 
sadar. del ('si>íritii. Aüiúiie.-i no ¡o ha hecho i<.sí hasta ahora: 



habInmoB sobre todo de AniéricA del Sor. Más gravea j ui''* 
gentes probleinns, c] problema de Sii organización política, de 
su ^{ndiistrin, de su comercio, de sii población, han absorbido 
hasta hoy sns energíns. 

El Arte, ¡mplnntado sobre e! suelo poco flnne do una cnlturn 
impoi-tttda, dependieates como lo hemos sido hasta ahora y lo 
seguiremos sicntl o durante nnichos años todavía, de toda acti- 
vidad europea y norteamericana, solo podía conducimos a la 
hueca palabrería, o a la mora imitación .sin valor artístico 
alguno. 

£1 ejemplo de la gran República del Norte, ilumina y con. 
firma nuestro modo de pensar. Esa inmiMisa fiebre de trabajo 
utilitario y estrecho que tan acerbamente combatió Rodó, ese 
florecimiento de riqiie/.A. de industria, de comercio nacional 
oran la base necesaria, el cimitinto indÍ8)>eDsablo, el jugo vital 
que debía alimentar, tomado de !a tierra impura y tosca, la 
mai-avilloaa flor de Idealismo y de Belleza que se abre ya 
mostrando sus blaocon y delicados pétalos, en la cultura, en 
el Arte, en la política actual d« la Gran Nación. Sud.iméricn 
debe seguir la ruta que lo marca au hermana del Norte. Pero 
ello no quiere decir en modo alguno que aprovechando la expe- 
riencia adquirida, \' enriqueciéndose con ella, no contribuya 
al mismo tiempo con su esfuerto conscionte en la educación 
del pueblo, a Ja formación del arte sudamericano. El proble- 
ma del arte en la democracia, <» por esto mismo más ur- 
gente entre uosotro.s los sudamericanon. Y al tiempo que 
so levanten las grandes fábricas, Jas enormes usinas, que se 
exploten Ira riqne^tas ínhuioBnn do este smcIo y se conquisten 
palmo a palmo pani el trabajo y la producción, las extensas 
ilanuriM, ks vírgenes selvas, Ins ubrupliie montañas de Amé- 
rica, las multitudes do las ciudades populosas y cosmopolitas, 
preparen el espíritu por la culLuia estética para oí floreci- 
miento de la Nueva Era. 

Y esto solo puede hacerlo, o mejor dicho, sólo puedo 
hacerlo con cxito la escuela. Si el problema de la educación 
artística ha empe//.ido a preocupar a las viejas naciones 
europeas quo han recocido ya la cosecha maravillosa de tan- 
toa siglos do arle; si Bélgica, Alemania, Francia, -•Siiecia, Di- 
uamarca, que respiran la belleza en sus ciudades, en sus mu- 



- 18 - 



seos, en sus laonumentos, en bus cafcedrnJes abiertas al pue- 
blo en profusión de obrna maestras, se preocupan de prepa- 
rar al niño a recibir el bautismo del arte y de formar su 
tierno espíritu a la percepción y el amor u la Belleza, nues- 
tras muchedumbres ínciiltas formadas por corrientes inmigra- 
tortas do humilde origen y de condición generalmente ines- 
table, piden con mayor urgencia, los beneficios de la oducn- 
cíón artística. 

La democracia umericana debe rematar su obra de libertail 
y de igualdad dando a todos sus hijos la posibilidad de dis- 
frutar lie los goces del Arte y de In inmensa satisfacción de 
crearlo. 

c Para llegar a este resultado, dice'Piaz/.i en la obra citada 
— sin inútiles restricciones, sería preciso unte todo cambiar 
la dirección de la educación y la instrucción; convendría que 
nuestra juventud empozase desde sus primeros años el estu- 
dio genial do los liechoa abandonando fórmulas y símbolos ; 
que se acostumbrase a ver la verdad en lo verdadero y no 
en los libros ; porque es el conocimiento Inexacto y falso de 
la verdad quien produce un conocimiento falso y superficial 
del Arte. Y los maestros que moldean el alma infantil debe- 
rían ser artistas entusiastas y no pedantes y gramáticos pre- 
ocupados por la frase y las regias de la sintaxis, para quie- 
nes Miguel Angel es un hombro sin sentido, Leonardo un di- 
dáctico que no sabía gramática. Beethoven un murgnista sor- 
do ; pues el primer fundamento do una educación estética y 
superior es el entusiasmo consciente do los maestros ». 

Y Paul Gaultier, '6n el profacio de su hermosísimo libro 
< Le sens de 1 ' art », agrega : « Deseo principalmente que este 
pequeño libro convenza ii micatros educadores de todo el pro- 
vecho que habría en introducir el Arte en nuestras escuelas 
por medio de la enseñanza 3' de la imagen. Educación do la 
sensibilidad — sin hablar de las luces que aporta ai estudio 
de la historia, de la Naturaleza y del hombre — sería al mis- 
mo tiempo que un contrapeso a todo lo que nuestros méto- 
dos de instrucción tienen de demasiado intelectual y hasta 
mnemoté:nicos, una salvaguardia y un atractivo, un fermen- 
to de entusiasmo y tie amor, depositado en el co azón de 
nuestros jóvenes, una preparación, en lin a la vida moral y 



- 19 - 



a la' vida social que están llamados a vivir en toda su inte- 
gridad • . 

< El gusto por el arte, dice u su vez Félix Hémon, en sus 
formas más diversas es un preservativo para quien se dedica 
A una profeüjóu especializada y le evita el quedar lúarcado 
por el sello demasiado biiaal de su oficio >. 



III 



Una rny.óa 'distinta que no tiene la misma fuer/a en 
América ha llevado a los países europeos a introducir en las 
esciielits primarias la educación artística. T es ésta la apli- 
cación del arte u la Industria. Conocida es la rivalidad 
comurciul e iuduatrial que existía entre Francia y Alemania 
aute;i de lu guerra. Los artículos de esta última habían 
invadido todos los morcados del mundo, en especial los de 
América gracias a su menor costo. La imitación del producto 
fraactis era. sobre todo, la gran explotación de la industria, 
alemana. El guato refinado, lo acabado y perfecto del detalle 
en aquel articulo, lo hacían, sin embargo ser preferido a 
pesar de su mayor precio, Hobre todo en las industrias 
Humadas ilr. Arte. Alemania, al introducir la educación 
artísticu en los programas de las escuelas primarias — y 
Alomnuia fué uuo de loa primeros países que lo hicieron 
y tA\ vez uno de loa que más lejos llevó su ejecu- 
cinu— lu hiso, antes que nada, en vista de la aplicación 
])nictioa dol arte a la industria u fin de preparar desde la 
infancia obrcroa hábiles que pudieran competir ventajosa- 
mente con los obreros franceses. Toda la educación artís- 
tica do las ■isciielaa . alemanas está dirigida, en efecto, a 
l;is ¡ut»;s íi.piicndas n la industria. De ahí la preferencia casi 
Hbsi>li]U otorgada al dibujo, al colorido, a la decoración, al 
paso qtití c¡>.iednn en un. plano absolutamente secundario y 
aún olvidados por completo, el canto, la poesía, la música 
los movimiento;; rítmicos que forman parte también y al 



— 20 — 



mismo título de nna verdnilcra oiincnción artística. Co^su 
maravillosa Inciiltiid Jo oncontrar los medios adecuiidoa al Gn 
propuesto, con su udmim'ole espíritu do sisteioati/.ncióu 3' de 
orden, que llevó, en au exageración a la supresión del indi' 
viduo on provecho de una mal entendida t^randeza de la un- 
ción, los alemanes com{ir«>ndí<n'oii itntus y mejor que los otros 
países todo el provecho que i)oilía obtenerse ])ara la industria 
alemana de la educación artística del niño. Sólo que, de un 
principio que debió sor antu todo cultural, hicieron un arnia 
poderosa de rivalidad y do perfocüion.'i miento industrial. 

En el 4.0 Congreso iniernacinnal du Pedagogía artística 
celebrado en Dresde el año 191*2. loa franceses reconocen la 
superioridad de sus vecinos del otro lado del Rhin en cuanto 
a la organización de la enseñan/.» de Artos nplinadas, y desdo 
el punto de vista del rendimiento del arto decorativo moderno- 
Loe delegados franceses proponen lu creiición, en Francia, de 
UQA Escuda Normal do arte aplicado unáloga a las que fun- 
cionan en Alomaniii 3' Austria, y el odtjiblecimieiito de una obli> 
gnrión legol de aprcndi/ajo y uasr)fnin-.!ii profesional para los 
alumnos de loa escuelas du Arte Aplicado y los obreros de 
luu industrias de arte (Rcvue pedagogique). Como se ve no 
os la preocupación cultural solamente el principio que infor- 
ma el movimiento de In Pedagogía artística tan on favor 
antes de lá guerra en loa pníaes del Norte de Europa. 

Loa Congresos celebrados en Drusde el año 1901, on Weimar 
en 1903, en Hamburgc en IU05 estaban casi eu su totalidad, 
consagrados a las artes aplicadas. -Formar ci gusto artístico 
del niño para propnrar así obreros - artistas y perfeccionar la- 
industria nacional, parece hüv la ú-.iioa preocupación déla edu- 
cación artística alemana Uu cnmcler más cultural o a lo me. 
nos no tan netamente ucílitariu, inForu):i dicho movimiento 
en Bélgica, en Ingliitcrra, y sobní todo on Siiouia, Finlandia 
y Dinamarca. 

Poro es sobre todo en B'Mgica. donde este moviuiiento lia- 
bía alcanzado au m;iyor intimsíi!i>d. antes do la guerra. Con. 
gresoa, entre los cuales une intiMuarional celebrado en Bruse- 
las el año 1910, .sociedades paiti':is larca, entrií las cualo.s la 
denominada «El arre on ia EHcuola y en o¡ Hogar., ínudada 
el año rJ03 y o.uyo asicnio cstai>-.i mi Hervó— Lovainu, acción 



— ai — 



del gobierno y los particulares, habían coniribuído a hacer de 
este movimiento el más interesante y avnn-^ndo de Europa- 
¿Qué queda nhoru do todo este ioniuuáo trabajo y de toda 
esta preocupación?.. En ninguna parte del mundo las escue- 
las se habían convertido, como en Bélgica, en verdnderon 
museos de la infnnciu. Loa antiguos discípulos, con ayuda de 
las muaicipaliduües y los maestros fueron los grandes colabo- 
radores de esta benéfica obra. A ellos so debe, en machas es- 
cuelas, toda la decoración mural, que es, en algunas, verdadera 
obra de arte. £a muchas ciudades de Bélgica se preleva cada 
año, para la decoración interior de una escuela, una parte del 
crédito destinado a la adquisición de obras de Arte. Bruselas 
edita magaífícos estampas en colores de los sitios y las in- 
dustrias locales. En Amberes, la ciudad de las nobles arqui-' 
lecturas, cada uño. el 31 de Julio, mis de 20.000 niños desfilan 
a lo largo de! Escalda clamando uti entusiasmo juvenil, y sus 
escuelas comunales son unu verdadera fuente de inspiración 
para nosotros. En todns partos se encuentra la alegría da lii 
decoración, unida al sentimiento del arte, del suelo y del hogar- 
Sigamos ahora a Léoa Riotoi en su visita a una de estas 
H8cuelas. .En el N.» 14 de la calle Albert, - dice Mr. Riotor — 
en el hall, mosaicos alegres, en las paredes, ornamentaciones 
florales, en las clases, las puertas, zócalos, ventanas, maderas, 
y trabajos en hierro, guarda llaves, fallebas, ote, un est¡l9 de 
conjunto de un gusto delicado que en nada desmerece a las 
habitaciones más lujosas. Los tres salones de la clase están 
pintados ul fresco. Nunca se tuvo en Francia, hasta alio* 
ra, idea de una escuela primaria tan completa. Coo su adoi'- 
uo habitual de láminas, imágenes, mapas, paisajes y mo- 
numento.'), es nn verdadero placer para los ojos. En esta es- 
cuela primaria de la calle Albert, en cuyas salas se encuenf.ran 
nuestros obreros de mañana desfilan • Los primeros habitantes 
de Bélgica* por F. Maynet ( nocargo de 1897). He aquí «El 
campo de César >, • La rendición de los germanos < Escenas 
drutdicas., «Escenas prehistóricas de caza y pesca». Otro 
salón ha sido decorado por Mr. Vloorí ( encargo de 1898 ) : 
< £1 reino de Curlomugno >. Son episodios meronvingios : el 
pueblo alborotado, los reyes holgazanes, los monjes, la instruc- 
ción; Carlomaguo alienta a los hijos de los siervos. Después, 



— 22 — 



« Ir comni-ca flamencii ,* lu introducción del cristianismo ; Siflnt 
Amund predicando a la orilla dol Escalda >. 

La tercera eahi encargada en 1899 u Mr. Gojo, tiene por 
motivo el período francés o de las Cruzadas: predicaciones, 
partida, toma de Constantinopla, Godofredb de Bouillón. ¿Es 
necesario decir que, en cada estación se cambia de local? 

Otra escuela de la calle Oudaen está decoiadn por Mr. Po' 
seaer, laureado del Prix de Kome. La decoración se divide 
en diez panneaux que tratan de <E1 arte aplicado a través de loe 
siglos»: • Decoradores egipcios, Alfareros grie{;os> «Mosai- 
cistas bizantinos >, a La Edad media >, dividido a sa ve/, en 
varios otros ; • El Renacimiento >, también siibdividido, etcé- 
tera, etc. 

En la escuela primaria superior para niñas son las mis. 
mas alumnas quienes decoran su clase con plantas y Horcs 
colocadns entre vidrios, vitraux de papel aceitados, dibujados, 
pintados, coloreados ; cortintis adornadas de bordados, aplica- 
ciones recortadas, tapices y carpetas paro mesas. Estas niñas 
esposas y madres de mañana, se ejercitan así en cultivar el 
encanto y la belleza de su casa futura. En estas escuelas se 
encuentran también fróteos murales, que la Municipalidad 
preleva sobro los laureados de Bella» Artes. Una medida 
muy práctica y muy justa para obtener la decoración de las 
escuelas os la de exigir a todo becado en pintura la decora- 
ción do una sala de la escuela on donde so educó. De esta 
manara, con la contribución de su.s artistas, Bélgica se había 
colocado a la cabeza del mundo en Arte escolar.» No en bal- 
de llama Mr. Riotor muscos de la infancia a estas escuelas, eni- 
bollecidas por pinturas murales de subido viilor; fotografíasi 
y láminas que representan con preferencia paisajes, vistas, 
lu(;ares, monumoRtos e industrias del pais, «^on virtiendo csi 
!a decoración de iau escuelas en un verdadero monumento 
nacional de Arte y de Geografía. 

• La educación estética popular, dice aAn Mr. Riotor, está 
definitivamente inscripta en el programa de la enseñanza pri- 
mtkria. El arreglo y ornamentación de las clanes, constituyen 
los clementes principales. 

La enseñanza |)or el aspecto, las proyecciones luminosas 
las i máf;unes animadas, se reúnen en un ¿ot/gt-e/ completo. Desde 



-ÚA- 



-el Jnrdfn de Infantes que corresponde a las escuelas mater- 
nales de 3 n O años, la criatura aprende las formas, las lí- 
neas y los colores por el plegado de papel ; ta cadencia y la 
medida por los juegos musicales». 

La enseñanza del dibujo, y sobre todo del dibujo de ornato . 
adquiere una importancia capital en el programa de las es- 
cuelaa. Seriamente organizada, la educación estética inspirará 
a los jóvenes el deseo Je conocer mejor los lugares pintbres- 
cos de su puía y ailmírar los del extranjero. Cada ve?, que la 
viaitii personal sea imposible, ioqite sucederá frecuentemente, 
se suplirá con la imagen artíutica. ¿ No es acaso mús impor- 
tante que el niño sepa rcpre:)entars« con la imaginación los 
más hermosos lugares de los borden delRliln, los paisajes mús 
encaniadores de Italia, ele Suiza, d» Noruega, de Escocia, en 
vez de aaber enumerar los nombre'? de las ciudades más in- 
significantes de esos países, la cifra de su población y el nú. 
moro de kilómetros de- bus ríos y arroyos?. . . » 

No SA liA Ijegado aún a tanta perfección en Francia, a pe- 
sar de ser el país artístico por excelencia, heredero de U cul- 
tura greco - latina; y alguien se extrañaba al visitar sns es»- 
cuelap que siendo una nación de aitistas tuviera por escue- 
las especies de cuarteles sin belleza alguna en donde se hacina 
apresuradamente a los niños en procuta de una instrucción 
dada en. forma igualmente apresurada. Mucho se ha hecho, 
sin embargo en pocos años. Digamos ante todo que la obra 
m:is importante corresponde n las iniciativas particularcrt, 
entre las que debemos señalar la < Sociedad popular de Be- 
llas Artes 3 que favorece con dos grabados anuales a la efl- 
cHola ociase que .se anote como socio. • El arte y el niño», 
socicua'3 fundada el año 1905 por Leo Clarctie con el nombre 
de c Sociedad do los amigos de juguetes y juegos antiguos*. 
< El nrtx, para todos • creada on 1901 por Eduardo Massieux 
y JuAn Liimec; la c Sociedad iutornacional de Arte popular 
y de Higíenu > fundada por Jean Lahor on 1904 ; y sobre 
todo la t Sociedad nacional de Arte en la Escuela > fundada 
ttn Piiríft el ailo 1907 por ilr. Cli. Couyba, senador, y León 
Uíotor, mítico de arte. Publira todos los meses un boletín: 
« TJ :>.rtc en lii escuela > que trata do cuestiones teóricas y 
priictiuiia i-eferentes a la educación estética e informa sobre 



— 34 — 

« 

Ir9 principalea tnanifeatACtones n las* cuales da lugar, tanto 
de Francia como en ol exterior el movimiento Je la pedago- 
gía artística. 

En Jimio (iel nño lOO-l, tnvo lugar en el Gírenlo ile 1a Li- 
brería, en París, un Coagi"e;»o ilcl Aite. on la Escuela, cnyaa 
conclusiones es interesante conocer. 

Tres eran los temaíi principales propuestos on dicho Con- 
greso, en el que tomaron parte unnierosos artistas, arquitec. 
tos, «lecornilores. maiintros y críticos «le arte. 

I. ¿ Cómo pueden contribuir al desenvolvimiento de lo 
bello la decoración ( perninnentc o miSvil ) do la eacueln. los 
libros u objetos divrfracs { c»iadernos> vales, tarjetas postales, 
etc. ) puestos on manos do los alumnos, y la lección del 
maestro ? 

TI. ^; íJómo pujda contribuir el Arte en la Escuela a In 
educación moral y social de la juventud 

III. ¿ Cuáles son loa asuntos do dei^oración y de ilustra- 
ción qne conviene colocar ante In vista de los alumnos? 

Como puede verse por el solo cnnncUdo de estos temas, el 
problema del arte en la escuela «ra tomado, por decirlo así 
desde su raíz ; tanto desde el punto de vista educativo, como 
de la manera práctica y directa de resolverlo. Sería suma- 
mente interettante rclat^iT aunque sólo fuera brevemente la 
diacusióu sostenida de nu lado por los institutores fniDcesos 
defendidos por Mr. Trautncr, y de otro, por los artistas y 
críticos de Arte. De acuerdo uri03 y otros en la enseñanza 
por medio de la imnfíí;n, la di^oiisión versó sobre la forma 
en que esa cd\icación podíii ser m.ÍH efícaz ; y sobre todo &obre 
la intervonción ijiie úob» tener el maestro nn la comprensión 
de la obra do Arte. Sostenía Mr. Trautner que • las imágenes 
colocadas ante la vista <lel niño deben ser bellas, pero de una 
•belleza que produzca 1p. evidencia, sencillas de concepción y 
de ejecución, y sobre todo verdaderas». Quería Mr. Trautnor 
al m::tmo tiempo, que el maestro diera al alumno • ideas netas, 
pr.?cieas, sobi-o la belleza cnmo sobre la moral». A esta pro- 
posición se opusieron, a mi nio><o iln ver con toda la nizón 
d«l mundo, los artistas y críticos de Arte. Si la educación 
artística ha de transformarse en una ciencia más agregada a 
los programas escolaren y que el niño deba aprender al mismo 



-as - 



título que las otras, si solo hemos de conseguir con esto 
obligar a la memoria ya demasiado rncargada de los niños a 
retener una nueva lista de nombres, de fechas, vale más no 
introducir en nuestras escuelas la educnción artística. Mr. 
Bernós, Roger Marx, Bay^t, opinan que la educación estética 
solo debe realizarse por la contemplación y la admiración, 
a lo sumo guiada y ayudada por el muestro, pero sin que éste 
imponga jamás a sus alumnoK, sus gustos y preferencias 
personales. 

He aquí resumidas la interesantíaimas conclusiones votadas 
por el Congreso : 

l.cr tema — La decoración do la escuela, los libros u objetos 
diversos que han de ponerse on manos de los niños deben con- 
tribuir al demrroUo del sentimiento de lo bello. 

La decoración y la imaginería escolar deben estar de acuer- 
do con el desarrollo «leí niño y ser apropiadas a bu edad y 
facultades. 

Conviene ante todo colocar ante In vista de los niños obras 
originales, de ejecución sincera y sencilla. 

La reproducción exacttt de las obras de arte consagradasi 
puede gradualmente contribuir a la cducadión de la juventud. 

£1 maestro tratará menos de intervenir directamente para 
imponer su gusto propio al niño, que de despertar en él lu 
facultad de observar, do comparar y de sentir. 

Los mapas y cuadros de enseñauxa que sirven para las lec- 
ciones del maestro son instrumentos de instrucción y no deben 
confundirse con los obras artí.sticas do decoración escolar. — 
Etc. etc. etc. ( Marcel Braunschwig — El arte y el niño). 
( Paul Beurdeley — Le Congres do l'Art ii l'ócole). 

Como puede verse por el nnmoro y el interés de estas con- 
chisiones, de las que solo he transcrito unas pocas para no 
alargar demasiado este trabajo, fuó el primer tema propuesto 
por el Congreso fecundo en rcsolncionua, y lleno de admira- 
bles y prácticas reflexiones que han ile servirnos poderosa- 
mente para guiar nuestros priineros pamos. 

El 2.0 y 3.er temas propuestos fuerou también sumamente 
interesantes y las conclusiones a que h« llegó, de alto y vivo 
interós. Solo anotaremos algunas. 

Dci 2.* tema: El arte en la escuela debe tener como re- 



- 2é - 



saltado ser útil no solo a In educación moral y social del 
niño, sino más tarde 7 en último término a los intereses cTel 
comercio y de la industria francesa. 

Del S.or tema: 'El Congreso estima que el arte en la es- 
cuela debe tener, por resultado, por medio de la decoración 
y la imaginería escolar bien comprendidas, contribuir a la 
luchu contra las estampas obscenas que deshonran la callo 
y manchan los ojos de la juventud. 

Siento profundamente no poder extenderme más sobre la 
obra renlizadii por este Congreso, ol más fecundo en iniciati- 
vas : pues los celebrados después en Bruselas en 1910, así 
como las resoluciones de la importantísima «Sociedad nacio- 
nal del arte en la escuela > fundada en París el 14 de Febrero 
de 1907 uo hacen más que repetir y ampliar Ins resoluciones 
de aquel Congreso, el más importante de cuantos se han rea- 
lizado en la Europa latina. A esta sociedad recién nombrada 
SH deben en Francia los mayores esfuerzos en favor do la 
pedagogía artística. Forman parte de ella, cuyos estatutos son 
yu interesantísimos, personalidades de la talla de Mr. Conyba, 
senador, Ferdinand Buiason, Víctor Langlois, cuyos impor- 
tantes trabajos sobre enseñanza primaria y secundaria son 
tan conocidos ; M me. Albert Besuard, la celebrada escultora ; 
el literato Lucien Deaeaves ; Afr. George Moreau. Mr. Quó- 
niúux que, con Mrs. Conyba y León Riotor don los grandes 
apóstoles de la educación artística en Francia, sobre la oual 
ha publicado numerosos c interesantísimos trabajos, informes y 
conferencias ; la malograda y ferviente apóstol Mme. Severi- 
no, Moreau Nólaton, el pintor que tantas hermosas imágenes 
y cuadros ha dedicado a la infancia y que, con Henri Rivie- 
re y Mlle. Hélúne Dufau Un inaugurado el difícil y encan- 
tador arte de ios niños ; y muchísimas otras personalidades 
dol arle, de la ciítica, del magisterio, de la política y de 
las fiDunsias. 

— No puedo decir otro tanto de ¡os esfuerzos realizador su 
Alemania en este sentido aún eieodo ésta la nación que más 
lejos lia llfivudo esta nueva preocupación de la pedagogíai 
por .'jcnub dcaconocido el idioma alemán. 

Tomo, sin embargo, a Mr. León Riotor los datos rjue si- 
guen : «En ningún país de Europa la industria de la imagi- 



- 37 - 



neiía escolar ha alcanzado tal desarrollo como entre nuestros 
vecinos del otro lado del Rhin. Es ella variada, preoou- 
pHila de »rte, y sobre todo, a piucios abordables. Nume- 
rosos hombres de talento . se han dedicado a ella. La 
iniciativa privada se manifiesta en los esfuerzos de una po- 
derosa asociación creada en Hamburgo hace más de ^ie-/, 
años ( que serán ahora, niñs tie quince ), la «Asociación do 
maestros para la educación artística >. Comprende ella sola 
nueve secciones que es interesante conocer: l.o Artes plásti- 
cas. — 2.o Literatura. — 3.0 Música. — 4.o Gimnasia.— 6.0 Tra- 
bajos manuales. — 6.0 Formación de maestros. — 7.o Estudios 
sobre la infancia.— 8.0 Teatro.- y 9.o Fotografía. 

Como BO vé la « Asociación de maestros para la educación- 
artística * no ha deecuidado un solo ramo do dicha educación ; 
todos los abarca y lo que es más importante, empieza la edu- 
cación artística por el maestro, sin descuidar al mismo tiempo 
que las actividades propias de su finalidad, los estudios ge- 
nerales sobre la infancia. 

La gimnasia os decir la educación del movimiento por el 
ritmo y la gracia constituye hoy una de las artes mdu bellas 
que complementa por medio de las actitudes plásticas el sen- 
timiento de la música, y que ha sido practicada hasta hoy 
con un fin cesi exclusivamente higiénico : Incluirlo en el pro- 
grama de la educaciún estética, revela ya una tendencia mo- 
derna digna del mayor aplauso. , 

Esta asociación además tiene una tendencia marcadamente 
cultural como i)uede verse por las secciones mismas que consti- 
tuyen su prc(;rama, en las cuales las artes aplicadas se on- 
cuencrtiH en número sumamente limitado, pues si exceptua- 
mos las Artes plásticas, los trabajos manuales y tal vez la 
fotografía, ¡as demás .secciones solo tienen un valor puramon. 
te educativo. 

Fué en Alemania, adem.is, en 1006. en donde tuvo su ori- 
gen la ci'lcbrd concepción hoy univorsalmente aceptada de 
ías ■: xiSüu>!li>ii Florestales >. Se dijo : < La mejor decoración 
l'i'.ra el atniu «nfantil es la Naturaleza >. La cromolitografía 
íid({uii2re su máximum de ]iroducción en Alemania. El año 
VX)h i'ntravoa '•n Francia, solamente por la estación Tour- 
coiag ii.O«r> kilogramos de esta clase de imágenes. Existen 



- 98 - 



udemiB, numerosas reviatas de arte para uso de alumnos y 
maestros ; y algunas de éstas como la ffoekhnd «n Baviera 
cede a sus suscriptores. íotogiafías y soberbios heliograbados 
a 2, S y 10 centésimos de franco. 

En Inglaterra, en Estocolmo y Gotterburgo existen asocia* 
cioqes y revistas similares, así como en Estados Unidos en 
donde tuvo lugar una hermosa exposición de láminas escolares 
en la ciudad de San Luis. 

Como vemos por esta breve reseña, el movimiento de la 
pedagogía artística se ha extendido considerablemente en todo 
el mundo. Dos grandes principios la informan: un principio 
puramente educativo tendiente u llevar a la masa dul pueblo 
un poco de belleza y de amor por las obras naturales y ar- 
tísticas, principio generoso y justo por medio del cual se 
hace participar a todos de loa puros e inefables goces del Arte; 
y una tendencia manifiestamente utilitaria, nacida de la riva- 
lidad industrial y do la lucha por el predominio comercial : 
causas profundas que originaron la terrible guerra europea que 
acaba por fin de terminar; y que no son agenas a la crimi- 
nal y sistemática destrucción de la zona más industrial de 
Europa, Bélgica y el Norte de Fnincia, cuyas enormes usi; 
ñas, grandes fábricas y soberbios monumentos de arte no 
podemos hoy más que llorar con toda el alma, al tiempo que 
condenamos enérgica y apasionadamente un proceder de bar- 
barie que pido la justa sanción merecida por los crímenes de 
lesa humanidad, de leso Arte y de lesa civilización. 



IV 



La finalidad de la educación artínticn on Atnúrica, y sobro 
todo en la América «Iftl •'5iir. no ):ii6de ser, a mi juicio, la 
misma que en Europa. La iudu.'itria incipiente, por no decir 
rudimentaria de nuestros paÍHbs aiueriunnos, no exije todavía 
obreros - artistas, puesto <]ue Iiis industrias de arte solo se 
desenvudren en general, en los países en que las otras han 



- 99 - 



alcanzado ya un grado considerable .de deBarroIlo. Estamos 
lejos todavía, en Amórica del Sur, de tener las usinas, fábri- 
cas y talleres que piden al obrero hi dolicudeza del artista 
para lealizar los trabajos en hierro o bronce que son verda- 
deras obras de arte por lo acabado del detalle, por el gusto 
de la ornamentación o la disposición de loa motivos ; mucho 
tiempo ha de transcurrir nún antes de que podamos enorgu- 
llecemos con fábricas de porcelana como la de Sévres en 
Francia, de vidrios como la de Gallet en Francia o Bu- 
rnno en Venecia; do mosaicos como las do Florencia o Ve- 
necia, o de metales como las de Eybar o Toledo, por no citar 
sino las más conocidas, en las cuales cada uno y todos los 
obreros contribuyen con mu gusto, con su habilidad, a que el 
objeto salido de esas fábricas sea una verdadera y acabada 
obra de arte. Ni es de extrañar tampoco que no las tengamos 
aún, en nuestro medio refractario y hostil ni arte ¡ en nues- 
tras ciudades frías, que carecen de un sello característico de 
vida propia; alimentadas por corrientes inmigratorias de 
escasa o nula preparación artística -. sin un pasado de Arte 
en donde inspirarse y refínar el gusto — cosmópolis de acti- 
vidad febril en donde no o» posible recogerse a meditar y n 
soñar porque la vida apresurada y devoradora noa exijo mar- 
char hacia adelante por la vía del comercio y la política si 
no queremos perecer. 

Pero por esto mismo, porque el Arto ha sido hadta hoy el 
privilegio de las aristocracias ociosas, porque ha nacido y 
florecido en el recogimiento y en la soledad, lejos del tumulto 
de las roulcitudea, es natural que nuestros países americanos 
de libertad un poco violenta y bulliciosa pero Sana, no hayan 
tenido tiempo aún que dedicarle. Es natural que el medio 
sea de lucha, de progreso, de actividad, y no de ensueño- 
Guando. urge una necesidad de vida o muerte en ul dominio 
económico y político de los pueblos, ee nula toda considera- 
ción que no responda a esn sola y única necesidad. Europa 
ha vivido siglos enteros para la meditación y para el Arte : 
siglos durante los cuales ha depositado en sus ciudades teso- 
ros inapreciables de Belleza, de donde irradia una poderosa 
sugestión educadora; educación no organizada en programas 
ni realizada directamente por ninguna escuela ; poro no monos 



- 90 - 



eficaz ni menos activa por eso. El niño de Italia, de Francia, 
de Eepaña, bebe, se puede decir, desde que 'nace — en loa pai. 
sajes pintorencou, un lau grandiosas y soieianea catedrales, en 
los viejos y suntuosos palacios en los que el tiempo ha 
impreso su sello de poesía, en la calle, en los escaparates de 
tiendas y bazares, — esa predisposición al arte, ese gusto 
seguro quo hacen del pilluelo de París, del condottiere de 
Nápoles o del golfo do Madrid, un artista mucho más refinado 
quo toda esa plutocracia enriquecida en el campo o detrás 
de un mostrador. 

Guardémonos, pues, por un simple prurito de novedad, de 
imitar ciegamente lo que vemos hacer a nuestros mayores. 

Pero por estas miamss razones que hacen de nuestro medio 
un medio refractario, en donde la delicada planta del Arte naco 
y se desarrolla con mil dificultades, próxima siempre a pere- 
cer, o vegetando en el mejor de los casos con vida débil y 
precaria ; en donde escribir poesía es una falta de serie- 
dad, o por lo monos una debilidad solo perdonable a los veinte 
años ; en donde ol artista consciente de su misión y enamora- 
do de 611 Arto debe resignarse a vegetar en .una somimisoria, 
o eoiig-rar a otros países mán comprensivos }' acogedores; en 
doude no encuentra el talento do nn Rodó o de un Florencio 
Sánchez ni siquiera Ins condiciones económicna indispenscbios 
H la vida ; — estas mismas razónos, decía, son ya más que su. 
ficientes para reaccionar contra ol medio y reformarlo. Si una 
calusn vital hace comprensible y perdonable tal estado de co- 
sas, no es éste motivo suficiente para cruzarnos de brazos y 
esperar... Sino por las mismas razones que en Europa, por 
otras tan urgentes y necesarias .^omo aque'lus se impone In- 
educación ariística ea América. Ea preciso crear ese medio fa- 
voiiibie B !u Bülk-zA, en ncestrn.^; domocraciau quo han reali- 
zado ya la mejor de las conquistas : la Fraternidad humana ¡ 
y ante el reprocho injunto quo an diviju a In vulgaridad y la 
chittura de nuestros países amerilsunos, probnr üi mundo quo 
Ik. ilen'OcruciH también es capaz do amr.r y comprender y sen. 
tir ¡fi obra ile Arte. Después, cuando el medio depurado, edu- 
caslo, refinado por la educación se haya hecho comprensivo i 
ciando el Arte no sea ya uoa planta oxótica de difícil aclima- 
tación en nuestro euelo, ílorecerán al mismo tiempo que las 



— 31 - 

I 

obras de arte puro, las indasbrias de arte ; y la educación esté- 
tica que empezó cr?nndo el medio, acabará por dar sus frutos 
utilitarios haciendo posible el desarrollo de aquellas industrias. 
Tales creo que sean las razones primordiales para implantar 
la educación artística en nuestras escuelas, con un fín principal- 
menh cuHurol. 

Dos son los elemento» principales de todn educación estética 
en la escuela : el edificio escolar y la Naturaleza. Estos dos 
medios constituyen el marco en donde se desenvuelve la vida 
infantil; y han Je obrar sobre el espíritu del niño con la auges» 
tión perenne de la Belleza. La construcción del edificio eaco. 
lar, requiere, pues, atención preferente ; no sólo desde el punto 
de vista de la higiene, sino también desde el punto de vista del 
Arte. Pero es preciso no confundir el Arte con el Lujo. Nada 
tiene que haoot- este último en los locales escolares. El edifi- 
cio escolar es ¡a casú del niño: debe pues ser construido, deco- 
rado y adornado en vista de este objeto y con arreglo a la 
naturaleza infantil. Nada de suntuosidades, ni de ostentacio- 
nes: nada de grandes escalinatas de mármol ni verjas ros. 
lasamente trabajadas; ni esculturas en m&rmol o bajos relieves 
eu estuco o yeso, que despiertan en el niño ideas de grandeza 
que la vida lia de destruir después, inexorablemente produ- 
ciéndole inútil e inevitable sufrimiento. No olvidemos que la 
escuela debe bor e! recinto en donde, siquiera una vez en la 
vida, el hombre realice la igualdad absoluta, sólo iota por el 
mérito o la virtud de cada niño : donde las criaturas obtienen 
la mismu juaticia y gozan de iguales derechos cualesquiera 
sonu las i^lase^ü sociales de donde provengan, cualesquisni sus 
creencia» y cualesquiera sus medios económicos. Sería desvir- 
tuar su nnturaloxa el transformarla en un lugar de lujo y de 
ostentación. El niño se siente, además, cohibido on tal ambien- 
te, en donde a<i vestfmonta modesta y muchas veces 'pobre, 
e.iusA en olios inconscientemente la primera enseñanza contra- 
j.ia ni Arte : la falta de Armonía. El niño no se siente en su 
cuso, en osos onormes edificios fríos, imponentes, en donde e) 
Calo;* de los ntuccos se desvanece como iin perfume demasiado 
ténue, tMi l:i amplitud solemne de las salas. La escuela debe 
acorcnrse hasta donde sea posible, al hogar; y ser como él, 
cálida, uonfoi table, íntima, discreta ... 



-8d- 

Mucha luz, mucho ñire; líneas sobrias pero elegantes; co- 
loree claros en las paredes do las clases, verde agua, garban- 
zo, azul-celeste, malva . . . Pinturas al aceite o estucos que se 
laven con agua y jabón y puedan mantener así una estricta 
limpieza; un friso alegre, de motivos fáciles en las partes 
superior e inferior, y cielos raaos. Esto para los salones de 
clase, que no deben ser demasiado amplios a fin de que la 
enseñanza pueda, ser eficaz en clases poco numerosas. 7 lue- 
go jardines que el niño mismo cultive, para desarrollar así, 
mucho mejor que por medio de lecciones, conferencias y fo- 
lletos, el amor a las plautiia; uno o dos patios cubiertos 
para las recreaciones cuando el tiempo no permita permane- 
cer al aire libre; un gimnasio o una plaza de deportes. Todo 
esto, en cuanto se refiere a la construcción ; para la cual 
debe consultarse a loa maestro». Veamos ahora el decorado. 
Puesto que no es posible aún entro noaotros decorar las es- 
cuelas con pintuias muraloa como se hace en Bélgica, con- 
tentémonos con algunas láminas de buen gusto, desterrando 
enérgicamente y sin piedad todo» esos objetos de industria 
barata, generalmente alemana, con los cuales se pretende 
sustituir a la obra de Arte. Nada de cabezas de kclora, ni 
simili-bronce, ni todos esos horrores que inundan loa bazares 
de seguúdo y hasta de primer orden. La limpieza escrupulo- 
sa, la sencillez, el aire y el sol, se ha dicho, son el lujo del 
pobre. Nuestras escuelas no deboii pretender mucho más por 
ahora. Esos objetos mal Mamados de arte que alternan en al- 
gunas escuela.^, sobretodo rurales, con moños de cinta, flores 
artificiales y carteles lie onseñanzii, constituyen la más aca- 
bada escuela do mal gusto y antiesteticismo. 

No olvidemos, desdo luego, que ios mapas, carteles de ana. 
tomia y fisiología, aparatos de físiou y química o cosmogra* 
fía, no son ni deben ser otra cosa que instrumentos do ense- 
ñanza, y jamás adorno de las paredes de clase. Nada h^y 
que cause tan penoso efecto cuando se penetra por primera 
vevs en un salón de clase, que esos grandes carteles desde 
donde gesticulan macabros esqueletos, o cuerpos desollados 
vivos (tal la impresión que a mi mu causan todavía) que 
nos itiuestrau sus músculos unsungreutados como una terri. 
ble visión del infierno. ¿ Qué atracción pueden producir en las 



imaginacioneB infantileu todoa eaos complioado» RpnratoBi 
ruedRB, garfios, torailloa, retortas, tubos compliondos — cuyo 
lino no sospechan siquiera ; todos esos oart^lea fantástiooB 
que los acogen con muecas y contorsiones de pesadilla?,.. 
Pongámonos por un r.iomonto en el lugnr de una de esaa 
criaturas que llega por vez primorn a la escuela, sin haberae 
separado nunca, hasta entonces, da su hogar, que, rico' o pQ* 
bre, es el amigo que ampara todas bus triBtezaa y el marco 
en donde han transcurrido todas bur alegrías. Al dolor de 
alejarse por vez primera do la madre, al sobrecogimionto 
que le causan tantas caras desconocidas que lo miran con 
curiosidad : a la timidez y aún al temor que le producen la 
autoridad y el respeto del maestro y toda esa disciplina nne« 
va para él , se agregan agrnnil¿adoae deismesLiradamentc en 
9u fantasía todas esas cosas extrañas y terroríficas que dep> 
de las paredes austeras y recha^santes de la clase lo reci- 
ben con aspecto desconcertador. Se me figura que no debía 
^er esencialmente diferente 1 a impresión del acusado 
que' penetraba en la sala de torturan en tiempo de la 
Santa InquÍBÍción. Se me dirá que exagero: pero los más 
grandes terrores nacen, casi siempre, do la imaginación esti- 
mulada por lo desconocido; y ella está terriblemente desa- 
rrollada en las criatuniB. Y por otra parte, ¿conocemoB oca- 
so todoH los dramaH qiie so desenvuelven en las cabecitAB in- 
fantiles, los temores nocturnos, las pesadillas, la anguatin y 
ul llanto de los que se reniaten a volver i\ la. eHcucla que les 
hemos revestido expresamente de toda la apariencia do un 
lugar de torturas? Yo, por mi parle, guardaré siempre el re- 
cuerdo de lui primera ontrudn a la escuela, y el llanto incon- 
solable que me causó, y mi resiRtcncin a continuar en ellu, 
hasta quo fué preciso retirarme por un tiempo ... No 
habían sido, acaso, principalísima causa do ese temor y de 
esa repugnancia, todas las imágenes fantásticas que me re» 
cíbieron allí con su aspecto desconcertante y aterrador ? ... 

¡Qué diferencia, ahora, entre una de aquellas escuelas — 
casi todas — y esta otra, alegre, aireada, asoleada, sin esaa 
terribles imágenes y aparatos) medioevales que semejan el 
laboratorio de un brujo ; llenas en cambio, de plantas, de llo- 
res, con sus paredes Haas de tonos suaves y atrayentes, con 



-k- 



áuB lAminfts alegres y acogedoras: todo el hogar, y rnás que 
el hogar a las veces estrecho y pobre del Ivumilde, en estas 
escuelas que realizan verdaderamente el ideal de la casa de 
los niños I... Sabemos demasiado bien que la alegría y la 
ternura son tan necesarias a la infancia como el aire y e| 
sol n las plantas : y sin embargo, desterramos sístemútica- 
inente de la escuela todo lo que es ternura y alegiía en be- 
neficio de yo no aé qué extraño concepto de la disciplina ! . . . 
Los carteles, mapas, aparatos do física y química deben guar- 
darse on un lugar expresamente dedicado -a ellos, en aparatos 
especiales que hagan fácil su clasificación, y su encuentro 
cuando sea hora de emplearlos; y en vez de ellos en las pa- 
redes de In clase, algunos láminas, no muchas; cromolitogra- 
fías, grabados o n¿>iias fuertes, sencillos y alegres. He aquí 
ahora una cuestión delicada en la elección de estas Idmínns- 
El problema os serio y ha dado lugar a muchas discusiones- 
Tan serio q ne uo ha llamado solamente la atención de los 
maestros y personas dedicadas a la enseñanza, sino también a 
los artistas y críticos de arte que han colaborado eficaz e in. 
toiigentemente en la solución de este problema de la pedago- 
gía artística. De él ha surgido en Francia un arte nuero; 
fresco, ingenuo, lleno de encanto, pero sin puerilidades ni 
vulgaridad, que encarnan entre otros Moreau - Nélaton, Henri 
Riviere y MUe. Hólene Dufau. Estos artistas, preocupados de 
la infunuia han tratado de realizar un arte que soa a la vez 
arte elevado y sencillo x iil mismo tiempo sano y puro para 
Ror comprendido y amado por los níflos. Paisajes, escenas in- 
fantiles, cucdros históricos sin grandes complicaciones, repro- 
ducción de industrias y trabajos nacionales, las láminas de es- 
tos artistas reclizan completamente la a3pirac:ón de la peda- 
gogía ratística. Lincas amplias, sencillas; emoción, sinceridad, 
sareii¡d;i'.l : sini*/id(\d en el color'; facilidau eu el asunto ; tal 
hacía prefni-ír a JTenri Riviere eutro todas liis obras macEtras 
de la pintura antigua y moderna la reproducción de los gran- 
des frescos de J?»via ue Cliuvannes que destilan una admira- 
ble Iranquiliclad scbrc el espíritu. Y sobre todo, que las enca- 
üp.fi,^ los paisajes, los motivos todos, sean esencialnj.ente; 
nadoanles. La imagen debe hablar ul niño do sus hcri%o:itcs 
l'amiliarss: hudirlc eoiiocer y amar untes que nada su propia 



— 8« - 



patria ; despercar en él el deseo y la voluntad de conocer las 
bellezas da su país y sus trabajos característicos. He ahí la 
gnin di£cultud para nosotros. Liis láminas que inundan 
nuestro mercado, las única;; láminas al alcance de los medios 
ecODÓmicos de la escuela, son láminas importadas, que repre- 
sentan paisajes exóticos, ubsolutamento desconocidos para el 
niño; oaoeuas que nada dicen a su inteligencia ni a su fanta- 
sía: aniaialcü y pluntas que jamÚH ha 7Ísto, juegos guo no 
conoce ; una decoración, on absoluto extraña a nuestro suelo. 
La dificultad os casi insalvable. 

Arriesgamos formar con ellas, espíritus que no son ameri- 
canos ; que todo lo ignoran de su América : los soberbios 
paisajes, la Ailniirablo Natiuuleza que desdeñamos los mismos 
uniencnitos en busca de paisajes consagrados por la literatura 
o impuesto.'; por la moda. Y luego, de la enseñanzá antiame- 
ricana qué resulta de la familiaridad con un ambiente y una 
civilizaciou que no es la nuestra, surge, fatalmente, la imita., 
ción servil de todo lo europeo, en Arte, en industrio, on lite- 
ratura, en todos los modos do civilización a los que no pre- 
guntamos primero si son uecesarios y adaptables a nuestras 
necesidades, pero que adoptamos ciegamente porque traen el 
sello do Europa; y con este vicio de nuestra educación, pura- 
mente libresca, el desprecio por todo lo que es americauo, 
solo porque no es europeo. Tomemos de Europa, de América 
del Norte o del Japón lo que ellos pueden darnos,, que es 
enorme, de su civilización; pero no sin discernimiento y solo 
porque de allí nos viene; y acostumbrémonos a observar antes 
du adoptarle ■>: conviene a nuestras condiciones de vida y si 
:io tenemos ya on nuestra América algo que pueda sernos 
¡•cuaíüicute útil. Tengamos cridado de que el afán de imitar 
tauibión pedugogía aitíütica no no.s lleve a un rCi^ultado 
corupleiaiuento contrario al que se persigue en la misma Eu- 
ropa. Lsi Cf{ric?-c;ón artística tieno allí tanto como un objeto 
".uitiiral y 'itilitíirio, un fin altamonte patriótico y naciona- 
lisf.a. Al precipitar demasiado nuestro afán do adelanto nos 
expoiioiiios <-.. iloiivirtuar nuestro fin y a obtener un resultado 
:iiitÍ!>:tcriócico y antiamericauo. El probljma es delicado e 
iiiipon:(!.nr.a. EátM. deiaafliado fresca eu nuestra mente la lección 
lie lu ^-usrra para olyidO'i' i>-sí 1a pbra do nacionalismo, 



- 86 - 



Hecordemos (}iie el poder de Alemania se oinient¿ en \w 
educación de la niñez, orientada hacia un fin de hegemonía ■ 
El resultado de esta obra, funesta por el objeto a que fué en- 
caminada, es demasiado rico en sugestiones para adoptar así, 
a la ligera, medidas que pueden tener tan importantes con- 
secuencias. No damos a la educación de la infancia toda la 
importancia que debe tener, sino en teoría; y hoy que el 
americanismo en todas sus manifestaciones us una aspiración 
definida y consciente en todos loa espíritus, no olvidemos que 
os en la educación de la infancia donde debemos asentar 
firmemente sus cimientos. Y ya que este Congreso l^úne en 
esta semana de fecundos intercambios intelectuales, represen- 
tantes de casi todas las naciones de América, propongo que 
él sancione un voto porque todos los artistas de América co' 
laboren acdivamente en la obra de hacer conocer América a 
loe americanos, por medio de cuadros y láminas que repre- 
senten paisajes, escenas, recuerdos históricos tomados de 
nuestro continente y de nuestro historia. Solo por la ccopora- 
ción de todos los artistas americanos será posible realizar la 
magnn obra de americanizar a América. Láminas así inspi- 
radas pueden ser intercambiadas entre los diversos países 
americanos; ellas servirán al mismo tiempo que para- desper- 
tar en el niño el amor a lo bello, para hacer conocer nues- 
tros países, a naestros hermanos de América, separados hoy 
más que por la distancia, por la dificultad de las comunica- 
ciones. Las fotografías y cintas cinematográficas de lugares, 
paisajes, ciudades, monumentos, escenas típicos, pueden com- 
pletar eficazmente la obra de acercamiento americano, al 
tiempo que contribuyen a educar al niño en la belleza y en 
el Arte. Esta obra americanista debe sur, por último, comple. 
tada con la flora cultivada. Es de desear que en los jardines 
escolares a lo menod, áe cultiven variedades indígenas de 
plantas y de flores que ol niño no conoce ni aúu de nombre» 
al paso que le son familiares los nombres de pájaros, de flo- 
res y de árboles que no han vivido ni crecido en nuestro 
suelo. 

Entre tanto, y obligado.<! a cscojer entre Ins láminas quo 
nos vienen de países extranjeroH. ea preferible elegir aquellas 
que mejor armonicen <;on nuestro modo de aer. que son 



- 37 - 



ya. muy numerosnB, pues Ir vida de las ciudades modernas, a 
parte ciertos rasgos muy caracterizados en algunas, se parece 
cp todas bastante. Pero es preciso rechazar todas aquellas 
_ que nada digan a la imaginación del niño por apartarse de- 
masiado de su inodo de vivir : escenas en la nieve, trabajos 
de los mineros, altas montañas en nuestro país, bosques que 
no tenemos, juegos desconocidos entre nosotros, eto. Es na- 
tural que esto se refiere n las primeras clases, en las cuales 
el niño forma sus primeras ideas y sus primeros vocablos; 
más adelante, y además de los cuadros nacionales y ame- 
ricanos estas láminas enriquecerán aun más sus ideas y su 
léxico. 

La decoración escolar puede ser móvil o fija. Nada diremos 
de esta cuestión ya bastante discutida, y sí sólo nos inclina- 
mos a la decoración movible por entender que este último 
sistema reúne mayores ventajas que inconvenientes. El cam- 
bio y la renovación periódica de láminas mantienen en efec- 
to siempre despierto y fijo el interés y In atención del niño. 
Los objetos que tenemos constantemente delante de la vista 
acaban por no ser siquiera mirados, y pierden todo au atrac- 
tivo por la familiaridad y la costumbre. El material rodante 
tiene además la ventaja de ser más económico pues con una 
cantidad limitada de láminas escogidas, que pasan de una a 
otra escuela, se obtiene la novedad constante y la variedad 
sin. mayor erogación. El inconveniente del deterioro y do la 
irresponsabilidad de cada escuela no puede ser tomado en 
cuenta en vista de los excelentes resultados que produce el 
sistemo. 

La imaginería escolar tiene dos fines : el que acabiimos de 
indicar, puramente cultural y artístico y otro fin mas inme- 
diato y más concreto : la enseñanza del idioma. Ho aquí otra 
rozón más para desear que estas láminas sean esencialmente 
americanas. Por medio de ellas aprende el niño el nombre 
do una infinidad de objetos, de animales, de plantas, que re- 
sulta muchas veces inútil cuando son completamente eztra- 
ñoa a él. A causa de ésto t-al vez, sea la literatura nuestra 
un vano remedo de la española o la francesa, pues el niño 
ha sido acostumbrado desde su entrada a la escuela a ver, a 
descubrir, a leer luego pasajes en donde solo se habla de «r. 



- 88 ^ 



boles, paisajes, flora y fauna que no son los nuestros. Así se 
explica que algunos poetas nos aGrmen haber oído cantar los 
ruiseñores bajo una encina o un madroño; que nos hablen 
de Abril como sinónimo de primavera y les sean más fumi- 
liares la flauta del pastor, cerca ile los hontanares, en los 
alcores o los heneñules que el canto do nuestra calandria o 
nuestro sabia on los montes bajos y espinosos d6 las orillas 
de nuestros arroyos, bajo los talas, los aarandíes o los sombra 
do toro. ¿Dónde vivió el poeta? ¿Hon. qué sentidos, con qué 
sensibilidad que no eran suyas sino tomadas de los libros 
pudo contemplar nuestra naturaleza 3' cantar sus paisajes ? . . 
Nuestro Herrera y Roissig, con ser tan gran poeta, no es, sin 
embargo, un poeta americano. ¿ No habrá tenido en ello mucha 
parte la escuela que lo educó en un medio artificial que ni 
os el nuestro, ni es tampoco el europeo ? . . . 

Es necesario, pues, mucho tacto y mucho patriotismo en 
el empleo de la lámina como elemento artístico y como ins- 
trumento de enseñanza. Y para que este \iltimo fin no entor- 
pezca el otro, es preciso que el maestro varíe sus lecciones 
que no despierto antipatías hacia la lámina por acumular so- 
bre ella dificultades de expresión ; que amalgame en sus con- 
vercaciones el arte y In enseñanza, que señale las bellezas 
ni tiempo que enriquece el vocabulario con alguna nueva 
palabra, pero tratando de dejar la mayor libertad al niño y 
sobre todo sin pretender dar lecciones de belleza. La falta .de 
'tacto y de preparación en el maestro puede malograr irreme- 
diablemente la finalidad de l.i imaginería escolar. 

Otro problema que es preciso resolver en esta cuestión es 
la elección de las láminas, poro dosde el punto de vista, 
ahora, del gusto y la preferencia de los niños. Las láminas 
de arte elevado, como las reproducciones de cuadros célebres y 
ios cuadros originales nuda dicen a los ospírilua infantiles que, 
on cambio son atraídos irresistiblemente por ios colores vio- 
lentos y las línea? perfectamente definidas. Elegir las lámi- 
nas de acuerdo con estas preferencias instintivas tan seme- 
jantes a Ins del salvaje y a las de las sociedades primitivas 
es fomentar y halagar esta tundcncia que nada tiene que ver 
con el Arte- y conspirar así contra la educación artística. Pre- 
tender en cambio que el niño sienta y admire la belleza de 



las obrns maestras de la pintura, cuyo' significado est& demd,* 
siado por enciir.a de su desarrollo intelectual es malograr 
está misma educación por un prematuro afán de perfecctón- 
E) niño ae apartará de ellas con disgusto o solo verá la parte 
anecdótien o cómica. De estas consideraciones ha nacido ese 
arte nuevo, el arte de la infancia, de que hablaba más arriba, 
¿Pero entre nosotros? ¿Cuándo téridremos un Moreau Néla- 
ton, un Henri Riviére, una Heléne Dnfau, que pongan sn 
talento y su inspiración de artistas al servicio de la causa 
infantil tan digna de simpatía y de atención, y tnn poco 
atendida en la práctica? 

Es preciso entre tanto mucho tacto y mucha seguridad en 
el maestro para olegir entre las láminas, aquellns que satis- 
fagan los gustos infantiles y que depuren y afinen al mismo 
tiempo en ve', de halagarlas, sus tendencias naturales. Colores 
claros y nítidos sin ser violentos, en las clases inferiores; 
motivos ÍiIcíIhr, líneas sencillas, emoción, serenidad. Luego, 
cuando el espíritu infantil sea un poco más educado, nna ma- 
yor complejidad en el asunto; medios tonos, claro -oscu- 
ros, perspectivas, lejanías, profundidad; un concepto cada ve- 
superior de la belleza, hasta llegar ir las obias maestras en las 
clases superiores. Toda una gradación de motivos, de líneas, 
de colores, de asuntos, hasta que la reproducción de cuadros 
céle^rea pueda impresionar la imaginación y despertar la ad- 
miración de los niños más crecidos, en los auiiles obra ya. 
poderosaniúnte, la sugestión de los nombres qiie ha oído; 
Velázqucz, Murillo. Leonardo da Vinci, Van Dyck, Rubens o 
Rembiaudt. Las escenas de interior de Téniers, de Van Ostade 
o de Chardin y aún del mismo Rembrandt, más atormentado 
mas complicado también, pueden servímos maravillosamente 
para ui:c5tro objeto; paisajes de Corot. de Millet, de Puvis do 
Chavanes, de Ruyadüel ; madonas de Murillo, de Beato Angé- 
lico, de Rafael o deBoticelli; figuras humanas de Rembrandt, 
de Rubt^ns, de Jordáüns; todiis elegidas, naturalmente, dentro 
lie lii comprensión del niño y desechando aquellos cuyos au- 
jetoa puedun (>eiturbíU' las imaginaciones infantiles, tales como 
.algunos c;i.T.lvos excesivamente sensuales d e Rubens o 
monstruosanienle atormentados de Ribera. El gusto natural 
y educado liel maestro elegirá entre todas las obras de arte. 



- 4o~ 



las comentará luego brevemente, pero sin imponer sus pre-^ 
ferencius personales con la fuerza de su autoridad. 



Decorado nsi el edifício escolar estamos en camino de rea- 
lizar una buena parto dn la obra que nos hemos propues- 
to. Las plantas y las Hores en abnndancia alegran la 
vista y corrigen con la gracia de lo vivo lo que de demasiado 
frío puede tener una decoración puramente mural. La pre- 
sencia de las plantas on los salones de clase tieno, además la 
influencia benéfica de su acción atmosférica y el valor edu- 
cativo de despertar en los niños el amor hacia todo lo que 
vive y que conserva la vidn por tos propios CMidados infanti- 
les. Como en loa jardines escolares, serán preferidas aquellag 
plantas indígenas que retinan a su belleza la facilidad de la 
aclimatación en ese ambiente. Las labores de las niñas, di- 
bujos, modelados en yeso de loo alumnos podrán en ciertos 
canos contribuir también al embellecimiento de loa locales esco- 
lares, siempre que reúnan al mérito de haber sido realizados 
por elloa mismos y ni valor de estímulo que representA el 
sor elegidos por el maestro para adorno del salón de closei 
alguna belleza artística: pero aquellas consideraciones sola- 
mente no deben prevalecer jaroús sobre su mérito artístico pues 
quedaría do la contrario malograda completamente la obra 
de la educación estética. No fuUnn hI maestro muchísimos 
otros medios de estímulo }' do premio sin colocar a la vista 
de los niños, con toda la sugestión que de ellas emana por 
ser obra do sus propias manos, Jo qiio hace .siempre qiio se 
veun más bullas de lo quo son on realidad, esas labores do 
aguja tradicionales, paHos o carpetas, almohadones pintados 
o bordados, marcos de cuadros, p.ipoleras, flores artificiales 
ote. quo revelan generalmente im gusto poco refinado, ya por 
la misma labor en sí. ya por los colores y los materiales con 
que son ejecutadas. 

.Los paseos escolares que ooucn ul niño en contacto con la 
Naturaleza constituyen otro inmiio «tlcacisimo de desarrollar 
on <d, ol ^usto artístico, l'^ia belleza que mejor sienten 
pursonas cuyo gusto no ha híiío miiv educado, es uquül'a 



que niáa direotnmente habla n los sentidos. Los bellos paisa* 
jes, las puestas de sol, el mAr. la frescura e inocencia de la 
aurora, los árboles, los arroyos, la placidez del ganado que 
parece perseguir eteraamente un ensueño en sus pupilas, los 
pastos, las oiichillas. las flores silvestres, son fuente inagota- 
ble y siempre nuevn de bellezas. 13b difícil sentir y amar el 
arte de un cuadro o de una lámina mí no ae ha sentido 
antes toda la poesía que nos brinda pródigamente la Natura- 
leza. Aparte los beneficios inestimables que higiénica y mo- 
ralmente reportan estos paseos al aire libre en niños priva- 
dos de aire puro y de sol en las habitaciones oscuras y 
hámedas de la ciudad ; uparte el contacto íntimo, el cariño, 
la mutua comprensión qno acercan al maestro y al discípulo 
con beneficios innegables paru la educación, influyen pode- 
rosamente en las clases infantiles permibióndoles comprender 
y . gustar las hondas e inefables bellezas de la Natural e/,a. 
Ahí se ha comprendido en Inglaterra, «n donde no es sola- 
mente por una rozón de higiene que las escuelas se constru- 
yen en medio de parques o rodeadas de jardines». Desde tem- 
prano — dice un informe de Gastón Sévrette sobre el arte en 
la escuela «n Inglaterra — se enseña al niño a conocer la 
Naturaleza. Fooos libros. Preguntábamos a un maestro de 
Londres cuya clase visitábamos : ¿ cuál en el texto de Historia 
Natural? — Se lo mostraré, dentro do un momento, nos con- 
testó. Un instante después nos señalubn, cerca de loa muros 
de la clase un magnífico huerto cultivado por Jos alumnos. 
Tal ora la molería de su curso. La enseñanza por In Natura- 
leza es una de Ins grandes piuocupacioneR dol educador in- 
glés. La historia natunil ostJi, sin duda, inscrita en el pro- 
grama de todas las escuelas dol mundo. La originalidad ra- 
sido en que aquí el niño aprende al mismo tiempo a conocer 
la piñata, a admirarlo y a amarle. Sabrá qué forma tiene la hoja 
de la encina por ejemplo, pero sabrá también dibujar la en. 
ciña entera. Esta forma le habrá sido enseñada primero por 
las fotografías de árboles que ailornan los muros de su cluse; 
en seguida por una micinu natural y viva en un p.'irquo cer- 
cano. La atención habrá sido dirigida hacia el color de Ina 
hojas en primavera, «n ver.mo, en otoño. Y .'íobre todo, íiI 
final de su libro sobre c Lecciones de cosaü • ae encuentran 



encantudorns poesías sobre los arroyos, Ins flores, los árbo- 
les. Gracias al poeta y gracias tü fotógrafo o al dibujante el 
niño sentirá admiración y afecto por el objeto de la lección, 
árbol, planta o animal. Él poeta Browning decía: Estamos 
hechos de tal manera que no empezamos a amar las cosas 
▼istas cien veces y que jamás habían llamado nuestra aten, 
ción, hasta que las vemos ]i¡ntadas. £n pintura ticnrn más 
valor, pera nosoiros a lo menos, que os lo principal. Es por 
esto que el Arte ha sido croado >. La Naturaleza, pues, bajo 
todos sus aspectod, elementos, plantas, animales, será revela- 
da al niño y esta iniciación se efectuará por medio de pala- 
bras sencillas, familiares, casi maternales. Y siempre el edu- 
cador, que se presentará como un amigo y no como un ma- 
gisfer, mostrará en todas las cosas la Vida y la Bélica. 
La Naturaleza asf revelada a los ojos del pequeño alumno 
lo seducirá y lo encantará porque su juventud va natural- 
mente hacia todo lo que es vivo, su instinto lo arrastra ha- 
cia todo lo que es bello >. ( Gastón Sévrette — L' art a l 'éco- 
le en Angleterre). 

La gran superioridad de la educación inglesa sobre la la- 
tina reside precisamente en que el niño inglés lee directamente 
en el gran libro de la Naturaleza lo que nuestros escolares 
descifran penosamente en los libros impresos o desprenden tra- 
bajosamcute y de un modo incompleto o inexacto de la pala" 
bra abstracta del maestro. | Cuánta sugestiva belleza encierra 
la idea de esas poesías trascritas al final do lin texto de 
« Lección de cosas > sobre los mismos temas de esas lecciones ! 
Lo que ol niño aprende a través del manto encantado de las 
palabras rítmicas y sonoras del verso rara vez lo olvida, por- 
que hiere su imaginación con el doble saetazo de lo nuevo y 
do lo musical. 

• Inglaterra, dice ol mismo Gastón Uévrette, se ha impuesto 
grandes sacrificios para que el niño dei pueblo aea educado 
en locales no solo perfectamente salubres, sino, por muchas 
vazonos. agradables para habitar». Ca.si todas hiy escuela» de 
luglu^ovrii, o están .situadas en meiiio de grandes p:irques o 
tienen jardines propio» que los mismos alumnos cultivan. 
Solo entre nosotros loa edificios escolares, no han atraído 
aún totla la atención que merecen de ios gobiernos. 



— 48 - 



El edificio escolar, su ornamentación, la imaginería eiico' 
lar, los paseos ni airo libre, el contacto directo con la natu- 
raleza, los parques, jardines, plantas y flores, constituyen el 
medio escolar en donde el niño recibe de im modo que po- 
dríamos llamar pasivo, la sugestión de la Belleza. Por la con- 
templación, 1k observación y las indicaciones del maestro, 
empieza a comprender y a amar sus diversas manifestacio- 
nes. Queda at'in una forma tanto o más eficaz de educación 
artística: Informa activa, por medio de la cual el niño so 
iniciii en la rtoJizeción de la bolleza por medio del dibujo, la 
raáaica. el modelado, la declamación, la gimnasia rítmica, que 
estudiaremos brevemente. 



V 

Msis quo ninguna otra, es la enseñanza del dibujo llamada 
a hacer práctica la educación estética. Cultural e ¡nstiumcn- 
tal, el dibujo ea materia rica en enseñanzas. Es el primer paso 
dado hacia la realización efectiva de la belleza ; y al tiempo 
que inspira el aiiior al Arce y facilita su comprensión, reúno, 
a dichas finalidades, la de contribuir a la formación de obre- 
ros artistas para las industrias de arte decorativo. 

Por (üsto se lo atribuye tanta importancia en todos los mo- 
dovncs programas de las escuelas, y de esto, proceden tam- 
bién loü ensayos, los tanteos, las vacilaciones en los distin- 
tos métodos de su enseñanza, hasta dar al fin con aquel que 
mejor parece satisfacer las exigencia» pedagógicas. La discu- 
sión sostenida sobre la preferencia que debe darse al deli- 
neado sobre el colorido, o viceversa: sobre si debe comen* 
zarae por el trazado de líneas abstractas y geométricas o por 
modelos vive.'? : si ha de preferirse el estudio de la perspec-' 
tivu por regli\5 dogmáticas al dibujo mecánico de copias, o 
¿Hte h iiquél ¡ si debe prevalecer ol dibujo de inventiva, del 
natural, de copia, o por recuerdo du escenas y objetos ante- 
riormente ob3er?ndoa, ha sido larga, engorrosa e ineficaz. Dí- 
gamoB s<iio qiiti üno tras otro hnn sido ensayados los diyer- 



- 44 - 



soa métodos y las diversas tendenoiaa ; y que uno tras otro - 
hnu sido abandonados, sin esperarse, generalmente a que die- 
ran sus frutos, para ser juzgados y desechados. La aplicación 
dol dibujo a diferentes fínes, hn sido tal vez la causa princi- 
pal de tantas vacilaciones ; y la falta de una orientación de- 
finida eu su enseñanza en In udcueUi primaria, la culpable de 
tantos fracasos. El dibujo matemático defendido y preconi- 
zado por unos, no puede en modo alguno responder al mis- 
mo objeto que el dibujo artístico y decorativo. Antes 
de decidimos, pues, por un método determinado, defi- 
namos lu finalidad que quiere dar a esta enseñanza la eeeuela 
primaria. No pretende ésta formar arquitectos, ingenieros o 
agrimensores, en el ejercicio de cuyas profesiones es indis- 
pensable un conocimiento del dibujo geométrico casi con ab- 
soluta preacindencia de otro cualquiera ; y en el cual la pre- 
cisión, la regularidad, la exucti tud priman sobre toda otra 
consideración de belleza o fantasía. No pretende tampoco des- 
entrañar y cultivar las vocaciones artísticas que duermen en 
las almas infantiles a la espera dol Fial Lux que las despierte ; 
razón por la cual no podemos aceptar sin discusión el método 
esencialmente intuitivo de Mr. Ravaieson, cuyo principio modi- 
ficado luego en vista de una mejor orientación fué preconi- 
zado por Mr. Quéaioux y adoptado más tarde en todas las es- 
cuelas de Francia. El método Quénioux que se sigue hoy en nues- 
tras escuelas con algunas reformas, tiende, más que a otra cosa, 
u poner.de manifiesto las vocaciones naturales y la origina- 
lidad de los alumnos, respetando ronipletamente su naciente 
personalidad, en vez de exigir dcade ol principio una exactitud 
imposible en los detallos, como no podemos adoptar tampoco 
un método puramente ornameuciil o decorativo que buaca úni- 
camente formar obreros hábiles pai-a las induatrias de arte; 
ni el método del norteamei-icauo Tadd que solo pretende ejer-' 
citar la destreza de ambas manos siu conceder una importan- 
cia principal a la voracidad y a la belleza de la representación. 
Estos exclusivismos y especial ízaciones han fomentado y 
mantenido lus oposiciones v lot> cambios radicales en 
los programas, que se traducen siempre por retrocesos. 
El dibujo, en la escuela primaria dobe ser instrumento de 
expresión, que, a semejanza dol lenguaje, facilite y complete 



— 46 — 



la tradncción de loa sentimientod y de las ideas ; y como tal 
debe inspirarse en los modelos reales que serán copiados con 
la mayor veracidad posible; debe ser ejercicio educativo de 
las manos y de la vista, y como tal, debe exigir exactitud, 
limpiezit y rapidez de ejecución ; dnbe ser elemento de cultura 
artística, y como tal reunir el colorido, la belleza y la fanta- 
sía, tanto en la elección de los motivos como en la origina- 
lidad e inspiración de los alumnos; y puede contribuir por 
último a la formación eñcnz de futuros obreros de arte, con 
la aplicación decorativa de elementos sencillos tales como 
hojaá, florea, algas, ramas, animales, u otro motivo cualquiera 
ornamental, que servirá, conveniontomente estilizado para ol 
trazado de 'guardas, frisos, carátulas de libros, motivos para 
puntillas, encajes, bordados, varillajes, rejas, molduras, titc. etc. 
en las mil diversas formas de lu decoración. Todos los méto- 
dos pues, tienen su importancia, y todos su razón de ser. 
Encontrar uno que reúna las ventajas de todos, que contemplo 
todas las necesidades do la escuela y obtenga de cada uno lo 
mejor de él mismo ha sido la gran obra de la reformn lleva- 
da n cabo en Prancia en 190!); en la cual tan activa parte 
tomó Mr. Quénioux y que se resume perfectamente en los 
siguientes principios, que transcribo a causa de ser más o 
menos los mismos que »e siguen hoy en nuestras escuelas. 

1. *> Comu modelos no deberán colocarse ante loa ojos del 
niño, sino modelos reales; frecuentemente, además, se pres- 
cindirá de modelo y se exigirá al niño, ya dibujar de memo- 
ria lo que ha visto, yu representar escenas imaginadas por 
él ¡ además se dejará grnn margen u la composición decora- 
tiva; en un marco determinado por el maestro, el alumno 
tendrá que disponer, segúu su fantasía, elementos arrancados 
a la naturaleza, plantas o animales. 

2. " En cuanto a los procedimientos técnicos serán muy va- 
riados ; el niño será, no hoIo uutorizailo, sino aún invitado a 
servirse de coloros, recurriendo a lápices al pastel, a tinta 
china y a la acuarela. El modelado mismo es introducido en 
las clases; los alumnos darán forma, con arcilla a objetos pe- 
queños. 

3. * El estudio del dibujo está unido n la educación gene- 
ral; y por esto so inducirá a los escolares a ilustrar bus 



- 46 — 



cuadernos, en particular ana narraciones, aaí como sus cursos 
de historia natural y de hiatoria y geografía. 

4." No es la coiiecwióa la cualidad que se ha de exigir 
desde un principio a los dibujos de los niños; sobre todo en 
los comienzos se tendrá en cuenta las intenciones; sólo poco 
a poco se lo habituará a una exactitud más rigurosa y 
se le iniciará en el estudio de las medidas, de Ins proporcio- 
nes, de la perspectiva y de i:ia relaciones de los tonos. 

6." Importa ant« todo dejar que el niño desarrolle libro- 
monte su gusto natural por el dibujo, cuyo estudio se procu- 
rará hacerle todo lo atrayente posible. Nada de lecciones di- 
dácticas i bastan algunas breves indicaciones del maestro an- 
tea de que los alumnos comiencen sus trabajos ; y una voz 
terminados hacer en ellos una corrección general, si bien 
gijardándose mucho de retocar ol dibujo de ninguno ». 

He transcrito íntegros esto cinco principios porque resumen 
paríectamente la orientación moderna en la enseñanza del di- 
bujo y i-efTejan muy bien el sistema adoptado en nuestro 
país el cual fuá introducido por el Sr. Vicente Puig, pintor de 
talento y profesor de dibujo en la Escuela Industrial, quien fué 
comisionado expresamente por nuestro país para estudiar ea 
Europa los mejores sistemas do dicha enseñanza ; agregando 
a ¿I, laa copias de siluetas, escenas, etc. que tienen también 
un gran valor educativo. La enseñanza del dibujo en com- 
binación con el colorido y dada al mismo tiempo que 
él, sin separar uno del otro como lo hacía la escuela antigua. 
03 a mi 'juicio la mejor conquista realizada por este sistema, 
cuya aplicación en nuestras escuelas tan sorprendentes reaul- 
t;ido8 ha producido. Ella era anteriormente, una enseñanza 
árida, desprovista de todo ati-actis'O, y que reunía todas las 
dificultades a Ih voz. En efecto, las sombras que tantas difi- 
cultades encierran cuando deben tra:tarse al grafito, resultan 
más fáciles y de mejor efecto cuando son dadu.H con lápices 
al pastel sobre fondo ligeiamonte coloreado, garbanzo, gris, 
etc. El niño observa usí, inmediatamente el resultado satisfac- 
torio de su nprendi'/aje, no solamente por la mayor facilidad 
que encuentra al realizarlo, sino también y sobre todo por el 
niayor parecido que obtiene de esto modo con el modelo emplea- 
do, y la mayor belleza de su trabajo. Este sistemji realiza amplia- 



-i7- 



meiite su misión de educación'artísticu al tiempo que, por medio 
de la estilización do elementos tomados de la naturaleza, vege- 
tales o animales, contribuye poderosamente a la formación de 
futitioe dibujantes de ornamentación y obreros artistas para 
las iudustrins de decoración : industrias gráficas, forja, deco- 
ración de edificios, ,etc. etc. La exposición de trabajos esco- 
lares, realizada últimamente con motivo de • la Exposición 
Industrial y Agrícola Sudamericana, prueba acabadamente, con 
los dibujos expuestos, de niño» de G a 14 afios, que esta ense- 
ñaaüa da de ai todos los frutos que era ilable esperar do 
ella, por lo cual no temo aconsejarla como medio eficacísimo 
de cultura artística. Postales iluminadas, ciiadritos, mosaicos, 
guardas, frisos, esquinas, flores y frutos del natural, revelaron 
nuicli.id vocaciones en vías de realizarse, y sobre todo, un en- 
tusiasmo infiintil que nunca obtuvieron antea, los engorrosos 
y antiestético.s ]>rocedímiento9 empleados. 



Es el canto, a diferencia del dibujo, una actividad pura- 
mente liesintoreaadn, por lo menos en In escuela primaria, y 
cuya fíuuiidad no puede ser otra 'que la educativa y estética. 
Do todas las formas de la música, es el canto coral el m&n 
al alcanfí«> del niño, y por el cual siente verdadera pasión. 
Aparte el pl.icer estético que produce al alumno, es el canto 
un excelente medio educativo de la sensibilidad y de los sen- 
tidos. Afina ftl oido acostumbrándolo a percibir las diferencias 
de toiios y acinítonos y determinando un verdadero Bufri- 
miiir.tc por l;i in.armonía o desacuerdo do los sonidos; al pa- 
ao que educa las voces endulzándolas y dándoles con- 
cicTiciii do &:\ musicalidad. El niño que ha sido discipli- 
nnJo en el ccuio, habla con mayor dulzura y riqueza de ma- 
tícoi( qu« aqiv;l que no hn emitido jamás una nota, Como edu- 
cado'.- u'ri ^><iI; ti miento, el canto traduce las emociones más 
íu^ricas y ..Itliciidas. 3' mucho mejor que la piihibra hablada 
exprcra oí iMicusinsmo, el fervor, la pena, y el patriotismo, 
al tic\:i):M'i q^e lleva a las almas iin censuólo inmenso en las 
horas do abatimiento y de tristeza. En los momentos más 
¿l^ulüs de la lucha homérica t-u que se desangraba Europa 



- 48 - 



entera, escribía un Inspector de eacuelas, en oí Boletín de-« 
partamental de la Dróine : < Ea necesario que haya música 
en el alma de los niños, música sencilla, franca, calurosa- 
Los sentimientos que la realidad harií nacer en ellos, que 
nuestras lecciones desarrollan, encontrarán en el canto un 
medio de expresión que los ha do llevar a au más alta po- 
tencialidad. Cuando todos los niños cantan en coro, cada uno 
se une a los demás, el aimu se ensancha y se eleva ; un so- 
lo y mismo sentimiento penetra y hace vibrar, comunicándo- 
les un poco de In sa^nida embriaguez, todos esos jóvenes 
corazones de niños de Fiancia ... Qué negligencia, qué error, 
privarnos de ese poderoso medio de acción, y privarlos a ellos 
de semejante cordial !...> (Setiembre, Octubre, 1915). 

c No hay sentimiento, — dice a su vez Augusté Chapuis 
Inspector principal de lu enseñanza del cunto en las escuelas 
comunales de París — que la voz humana no pueda expresar. 
Y cuando muchas voces se unen en un mismo vuelo artís- 
tico para expresar un noble pensamiento que la música ilu- 
mina y exalta, se desprende de esa voz colectiva una emoción, 
un entusiasmo, una turbación cuyo poder oxpresivo se decu- 
plica, se cdntuplica, en razón directa del estremecimiento 
emotivo que se apodera de cada uno y se transmite a los 
demás. Parece entonces que cnáa ejecutante, penetrado del 
pensamiento musical que traduce) se enamore de la idea que 
lo hizo nacer y se transforme en su más decidido campeón >. 
c El canto en común, agrega luego, produce aún otros efectos: 
impone' el sentimiento de l.i solidaridad en el esfuerzo; obliga 
a apreciar en todo su valor, la necesidad do una disciplina y 
de una regla aceptadas por todos p.ira poder obtener una 
perfecta ejecución musical .. 

Este sentimiento de solidaridad que engendra el canto en 
común, despierta en el alma del zíiño otro sentimiento muy 
afín, el de la mutira ayuda y protección que unos a otros se 
(iispenean; y contribuye así a estrechar más aún los lazos 
dol compañerismo y dol afecto. No as solamente el palriotis- 
mo, el sentimiento quo excitan en Ins almas, tan intonsamente, 
los himnos patrios. Esas estrofas, coreadas desde la infancia 
con igual intensidad do enEusia.smo. son el más fuerte lazo 
de fraternidad entro lo^ hijos di: una misma patria. Porque 



-4é- 



la comunión en -iin miamo intenso eontimiento que traduce y 
centuplica la emoción musical de 'cada uno, establece entre 
las nlmaa lazos tan fuertes como los del común terruño. Se 
ha dicho que es la lengua el más fuerte vínculo de unión 
entre los pueblos ; pues bien, la música, y sobro todo el canto 
coral os el lenguaje más exacto, más sutil y mié íntimo do 
los Süntimientos humanos. Mil veces han experimentado 
los viajeros psfcn sensación do intimidad y simpatía hacin 
desconocidos, sólo por ei hecho de reconocer sobre sua 
labios una canción familiar de la infancia, recuerdo y 
perfume a In vez de las horas transcurridas en comunidad 
de entusiasmos y de afectos. Ninguna otra forma de activi- 
dad humana tiene una acción tan marcada como ol canto coral 
sobre la solidaridad humana ; y los cantos religiosos que en- 
tonan los protestantes en común son un medio efícaz de pro- 
paganda que emplean con frecuencia. Hacer cantar al unísono 
o a varias voces a los niños de nuestras escuelas, es pues, 
unirlos estrechamente entre sí y fortificar los lazos de fra- 
ternidad entre los futuros ciudadanos, al tiempo de hacerles 
gustar el placer doaínteresado del Arte sin exigir del niño 
un esfuerzo intelectual que lo disminuya o que lo enturbie. 

Pero es un error creor que deben buscarse para los niños 
.canciones infantiles' en las cuales el Arte ha cedido su .pues- 
to a la puerilidad y a la sandez. Los canto» escolares no 
realizan su misión educativa porque do ellos está excluida 
completamente toda belleza y toda emoción. «¿Qué se debe 
cantar on las escuelas ? pregunta Auguste Cliapuis arriba 
citado. Nada más que cantos (a una o. varias voces, según 
la edad y el desarrollo de los niños a los que están destina- 
dos), nada más que canto.s e-scritos por verdaderos poetas y 
verdaderos músicos; triinscrípciones inteligentos do obras de 
maestros universalmcnte admirados ; y como distraccción. 
los antiguos aires populares de nuestras provincias. El re- 
pertorio escolar debe rechazar sistemáticamente las pro- 
ducciones sin valor artístico, que no pueden sino falsear el 
gusto y el juicio de los niños, al darles uua educación deplo- 
rable. Celebrando todas las boUexas, todas las virtudes y to- 
das laa glorias, los cantos oacolarcs pueden ligarse estreclia- 
tacute u los diversos rumos de lu enaeñan-za general : histo- 



- tó- 



ria, recitación, moral, háciend<J Aél rnaFchnr ie condlHtlo la 
educuciÓn del gusto con 1á cUltarn ni-tísttcn y litérátid. i 
L'nrt a 1' école.— L * nrt ir.uaical a l'écólé). 

No se insistirá nunca «lemaáiado ou Ücúnaejtü- se destlérreh 
de nuestras escuelas todob ésos cantos escoíávés que solb 
iniedoh producir en el hifio un éfccto alidolutamente contrnriü 
al aite. Porqiie sean sencillos, Son la Htilydríii de tina jjobreza 
artística tal que el niño mismo la siéhté ; y canta entonces 
coii desgano e indiferencia, cantos que Jierviorien en vez do 
oducnr su gusto. Ea preferible que nada se cnnlc antes que 
cometer scmejanteú atentados cóntt-a el alte musical. Eh nues- 
tros países, desgraciadamente es éste, como éii las dbWás 
ramas de la cultura artística el. gran escollo dé la bducdcióh 
musical ¡ y sin embargo, no faltan én las obrtls maóstt-aé dé 
los grandes músicos motivos séhcillos y dltamenté artísticos 
y emotivos que puedan adaptairsó a voces infantiles. Nueatros 
músicos americanos, que los hay de mucho y podítivo lalénto, 
no se han preocupado íiasta hora dé éscribir Música fácil y 
bjllu, ya 0obre motivos de maestros, ya con propia inspira- 
ción ; o bien de adaptar a láa voces infantiles coros hermosos 
escritos para voces de adultos. La comisión quo éntré nos. 
otros se preocupa ahora de hacer efectiva, lá educación musi- 
cal del niño por medio du cursos de piano, canto, solfeo y 
declamación destinadas a los maestros con el fin dé prepararlos 
a transmitir con eficacia eala educación a los alumnos dé lab 
eflcuelas prlinuriaa, y formada casi toda ella poi* niÜoicos y 
artistas de Voconocido talento, debería completar su "ofeta 
aitístíca seleccionando y escribiendo tro/.os de caúto qiie 
satisfagan estas aspiraciones y hocesidades dé la escuela. 
Más fácilmente que estos coros cuya letra y música s« adap- 
ten u las almas infantiles, se encuentran trozos de solfeo so- 
bre motivos de obras maestras; y el método Galiin- París - 
Cbevó, ha realizado en este sentido una buena obra aVtística 
y educativa, ro tanto por la notación numérica que émpléa 
!«ino soi)re todo por la variedad y la belleza de los ejercicios 
recopiliiduit, caai todos extraídos de grandes mucatros. Edtoa 
motivos tomados de las obras de Páleslrina, de Boothovon, de 
Cliopin, de Bcrlioz, lie AIcndelhason, familiarizan a los niños 
con los nombre-'S de cutos grandes músicos y lea dan a entre- 



yer toil,o un ip(^P|do n)ieyo de arte que po ^pppecharon nunca 
quo i&xisiier», c9afí^a4o9 en la eatrephez y la pobreza l<¡ig 
canciones tri^ialeB pSjcritaB evpresnmcntjS papa .ellos. lljTingún pía 
cer mayor ,qiie rpcQpocer m^s adejnnte jsp una sinfonía, en un 
troz,o de canjbo ,de estqs g)-ande$ maestros, )a ni.e|pdía qu« en- 
^nar,9^ ,eu }¡f. ti^^cuela / qu.9 quedó gra.l^ada ,en ^u momoria. 
Pa9a ,con Ui música lo jni^iamo que sucet,de con la literatura 
infantil. La poesía o los cuentos esciitos expresamente para 
pi^os po s;¡^tisfacen en f^ada los g.usjtos y las tendencias de 
1,0^ ipisnigs. Porque ,e) adulto .que escribe pa;:a ellos difícilmente 
puede pcDpt;-ar c^e nnoyo la complicada p8Íc.ol.ogia de la in|an- 
cia puy^ p.erspicacíp y penetración escapan gonoralinente a los 
autor^is. El .deseo de ser con^prendidos {áci^pjente los lleva a 
hi j)uorilidad j a la tontería ; y el niño fi.«yo sistemáticamente 
d,e 83,^ literatura y do esa mAsica q.ue re.^aja su inteli^enciiC 
en vez de elevarla hacia la pefrf.ecci(}p. Es por esto que la lite- 
r^^tura o músic.a qtfe más guste a la ipfancia.sea precisamente 
la .9Vra de loa grandí^ genios ,^n J09 cuales c^^a "no 7^ j;e. 
trfitado ,^ sí jíif¡in}yq, pn .tai^09 jplA9,9.9 ^l^^-^^^^ como son los de 
hum9pi,d,a.d. ^1 n/po gusta y^e satísfiji^ce con la fá^ulai y .el 
]^9n>br,e i}us^r|^^9iC^op ^a jáloaofía .que ,elj..^ ,epp,ierra. De ahí que 
8e.a,eí .gujj9j^í!;0 l(ta p)fF.^9.Ío S¿>i¿e?p.eaírpprefer¡jaae ^px los piñ9s 
.que po puedep comprppder sí:d^o 1,9 q,i\e es cuanto, a las |^,b,u- 
l;tLS tr^Tifiiea .e?3fitas .exprea^iipeabe par^ .ejlos. L^ib 9braa d,e 
jfia grandes geni^íi hiiflajjmo? sp parecei^ f 1 océano : quién pn- 
.c^aentra en ellfk? 3ojfmep^lie y se satisface pop sbo la sjlinp\e 
rienci;i.d.e su s.uper6.cie calma,9afitadfi: q.uién jí,o ama solpn^ente 
para detenerse en sus orillas a j,ugae,tc,a;r con las oJLas o recoger 
las .conciiülas q9,e depo3Í,ta.sob^e la» preñas .i¡^e la c9Síta ¡ quién 
j^;ce£Lcrc stis rudas tejppestades ep l(i .soledad de la alta mar| 
y quién, pQr últiipo, ^e^cendiepdo a sus ignotas profundidades 
busca en olla:* la perla escondida o los tesoros de la madié- 
¡>0K^ y el coral. En ellas está toda el alma liumana: con la 
divina candide?. de la infancia y la amarga experiencia de la 
r;dad inudura ; con las ilusiones de la juyentud y las esperan- 
■¿.iíñ ardientes de la ndolesuencta. 

En .e<in íticnte inagotable que es el genio del hombre, debe 
buscar t'iDtbíAn el maestro los jnotivos musicales que ofrecer 
a lea niños; ellos serón las adorables coacUillas y los juegos 



— B2 - 



junto a la placidez de las olas qiio ol oapectador sencillo pide- 
únicamente a la majestad infinita del océano. Puestos asi en 
contacto aún ligero con las grandes cumbres de la inspira* 
ción musical nuestros futuros compatriotas no se satisfarán 
ya como nuestros contemporáneos con la música trivial o 
grosera de las tonadillas a la moda y las vulgares canciones 
de opereta, remedo y caricaturas indignas del verdadero arte 
musical . 

El canto por audii-.ión será el único que pueda enseñarse 
en nuestras escuelas a los alumnos menores de 8 o 10 años, 
dadas las condiciones de horai-ios y programas que en ellos 
rigen; para iniciarlos más adelante on el conocimiento del 
solfeo, sin el cual dice el mismo Cliapuis, ya citado « el que 
canta un aire sin poder descifrar sus notas se encuentra exac- 
tamente en la misma situación del que recita una fábula do 
memoria y es incapaz de loorla'. 

Los canciones mímicas o juegos cantos, que tanta eficacia 
tienen en la educación de la primeia infancia son un medio 
feliz de unir el canto al movimiento y han obtenido en In- 
glaterra tan grande éxito que una ilustrada mujer, Lady 
Gommo so ha dedicado especialmente, a recojer y anotar to- 
dos los juegos popularos acompañados do sus respectivas can- 
ciones, en las cuales ven muchos la transmisión de antiguas 
e históricas tradiciones. En esos cantos juegos populares, 
transmitidas de padres a hijos durante, muchísimas genera- 
ciones, reconoce Lady Gomme la conaorvación y traducción 
mímica de hechos históricos locales, 3' como tules los ha recogi- 
do para aumentar la riqueza del folk-loro. Dr ahí la importan- 
cia quo les atribuye y el estudio que de ellos ha hecho para 
introducirlos on las escuelas a fin de conservar esas tradicio- 
nes y fortificar con ellas ol sentimiento de la nacionalidad. 



Intimamente ligada k la cnseñon'/it de los cantos mtmicod 
que forma parto importante del pro.st'ama artístico de las Es- 
cuelas de Inglaterra, so encuentra I:*, gimnasia, cuya impor- 
tancia nos ha Pitido sugerida también jinr los anglo-sajonos. 
Yh m 1889, cusvndo Edmoud Dcmolins publicó su célebre li- 



- 68 - 



bro ■L'école nouvelle», consecuencin, diremos, d^) nqnel 
otro que tanto ruido causó entre los latinos c A quoi tient 
la superiorité des nnglo-saxons • , asigDabii a los ejercicios 
físicos y manuales una gran parte del horario de la moder' 
na Ecole des Roches, que debía realizar el ideal de educación 
preconizado por su fundador ; y por medio del cual debi'a 
adquirir la juventud francesa esa tan discutida superioridad 
que le atribuía a los anglo-sajones. El horario inspirado en 
el que se seguía entonces en las escuelas inglesas de c Bede- 
les» y • Abbocsholmo > es el siguiente : o era mejor dicho, 
pues ignoro si ha sido modificado : la mañana, de 8 y 30 a 
12 y 20 estaba destinada a las clases teóricos ; la tarde, de 
2 a 5 y 80 a trabajos de jardinería, ebanistería, juegos y 
ejercicios físicos; football en invierno, cricket, y natación en 
verano, marchas, trabajos rurales etc.; y la noclie, después de 
cenar, de 7 a 8 y 80 n clases de canto y recitación, veladias 
musicales o literarias, mósica, danzas, conferencias etc. 

Como se vé, el programa no puede ser más completo ; y 
la importancia atribuida a lus diversas actividades humanas, 
mejor comprendida. Los estudios teóricos solo ocupan algu- 
nas horas del día, las más apropiadas ; e igual importancia 
se atribuye a las actividades manuales y ejercicios físicos 
que a las sociales y a las intelectuales. Cierto es que no po* 
demos tomar este programa — horario por modelo, ya que la 
Escuela des Roches, como las de Bedalos y Abbotsholme to- 
man al niño y lo separan casi en absoluto del hogar por el 
.sistema del internado, cuyas ventajas positivas desde el pun- 
to do vista de una más perfecta educación, están equilibra- 
dos y aún sobrepasadas por los inconvenientes de la falta de 
calor y dulíura del hogar paterno y de otras más graves 
nún sociológicas e higiénicas ; y disponen por lo tanto 
de todas las horas del día para administrarlas con absoluta 
prescindencia de la voluntad infantil. 

Sorprende, en efecto, en esto horario tan bien confeccionado 
y que tan armonioso desenvolvimiento persigue de la natu- 
raleza humana, <iue no deje tiempo en absoluto disponible a 
la voluntad del alumno. Loa juegos y ejercicios físicos, dice oí 
misino Edmond Deañiolins, ocupan un cierto tiempo cada 
tarde, y sobro todo, las tardes dol Miércoles, del Sábado y del 



- w - 



Domingo que son los liempaa //Arts : loa alumnos £.»wipa PP»- 
plourlos como quieri^n.. Por lo tunto, o se dejfr UbraUp 
criterio de los niños Ih importancia qt^a 8« otorgM® * 
ejercicios físicos, o será preciso sacriaoar las visitas de \^s 
familias, el estudio fuüara de clase, y Jos temas ea^sriíps a 
dichos ejercicios, Pero la dificultad fnayor para iM>B.o>ir.08 est^ 
en el sistema seguido en nuestivíá escupios, en las .caal^a. 
ranto un horario de 20 o 26 horaa efs/nanales os preciso llev^i" 
a cabo boda la enseñanza teóriica, Ja üKlucaci^n física y Ia 
cultura ipuwral y estética. Bi r«8ulta4o debe Jjer tollosamente 
el que se produce: o se sacrific* al piño a) obligarlo a una 
inteosidjud excesiya de trabajo durapte «ans 4 o 5 Jipw dianas 
de clase, easi siji ¡aterrttp.ci6n. ^0 que pronlwce el ngotamientio 
prematuro de Ub naturalezas infantiles, dolorosp rowU^do 
que estamos ya palpando los que con amor obseryamos » los 
niaos ; o bien se sacrifican Jos materias enseñadas, en 
sacrificio que sería el más acertado por qií.e salva la salad 
de la 4níancia, pero que cuesta demftsiado a la conciencia 
píTofesiooal del maestro. Y luego tddas 1%b maíerias pst^n 
ejacomendadas entre nosotros al mismo jaaestro 4» la cJ*», 
el ci,jal d^e «er juna enc^icjlopedia viya, o bien como es Wgico 
que BAiceda po conocer a £ondo niaguna de ellas. Es aecesario 
coniesax francamente que toda «aforra que ae .quiera in**?- 
ducir 6,0 septido .de agregar o especialissftir ciertas ma-terias en 
vwesí-raa escuejas ya demasiado rec»<rgn,due, debe eprnenzar 
por .una mé<s ra<íáce4 teforína de horarios, de preparación ma- 
gisterial, de -especializoción /jle püofeaores, de .eiíaficiofl y 
tefial de enaeüanía. De lo .coatrario todo lo que se .diga será 
yano juego .de tpt^labras. 

Y sin embargo, .de todas las ^vctividades indicadas, es la 
cultura física la que mayor atenciójn requiei;c, no solamente 
por los coiBaecaencias ¿«¿épicas y .anlttdiibí®^ y;^ por .todos 
preconizadas y recomendadas, sino también y al i»i»mo tiempo 
por su traacendepcia artísticii, aún cuando ellfr puxezca algo 
vaga y aAn lejana. La soltura y la seguridad ep ios movi- 
Auientos Que dá el ejercicio de ios deportes a quienes Job 
Vwaotican asiduamente es ya un gran paso dodo hacia el sen- 
timiento rítmico que constituye hoy una .de las más bellas 
manifestaciones artísticas : el arte plástico de las danzas clár 



Biiúé: Eétás dátlfcás; que taü h)tA expfbaión Óé sehtitniCfito y 
db belleza nos dátt con la ácbitüd, el colol' y el movitníeiito, 
y qlie tan álto expdüeilte hatl alcanfiado éntre lod tU6oe, o 
lás ih¿B clilsidáa qué laádoi-a Dtitlonli htt i-esucitado de entre 
lob griegos, tionéti él mlámo puntó dé pnrtidá qUe Id gitn'- 
náaiá : la tirmoüía de loa movilnientós. 

T es buBho sCñalát, ál mismo tiempo, qile los ejercicios fí- 
sicos, aún dui-ante la infancia han de cohcordnr oon el sexo 
db las criaturas ; )' que és absurdo adoptar un mismo sistema 
dé éjórcióios. aún fuera el sueco, para todas las escueles y 
pilrit bodas las instituciones. 

Hoy qiie una sana teiidenúia de raza orienta o todo» los 
pitebloa látltioa hacíR utiü uiiiyor atención al desarrollo físico ; 
hoy que las plazas dé ilBporteá, excelente idea llevada a la 
práctica entre nosotWa por la bnnemdrita Comisión de Edu* 
cación Fíaitítt, lealizn la Aspiración de dnr a todos aire, sol y 
facilidades pava practicar casi todos los deportes; hoy que loa 
países de Áüiérica celebraii torneos internacionales de des- 
t1cé7.á, de agilidad y de fuérza, resucitando así las celebres 
Oiitapíadaa griiagaa, ds prtciso tíiia que butaca estableced la 
dileréñci'aeión de esta enseñanza y vftriarla de acuerdo con 
láéihécesiiádeB y Ifts dieposiciohes naturales de bada uno, a 
flti de bo iratisfó)rm'af> A todos ihvatiablemente eii alletas qne 
liizcáh tiñifórmcs miiscvilaluras dd fuerza. El Vigor y la for- 
taleza que dan el foolball el bbx deben ser atemperados 
por la a<^ilidad del tennis, la destreza del golf o la gracia y 
Ta íjoltutá de moviiniéhtóB de la dartza. Y creo, a este res- 
petó qhe la gimnAeia destinada a las niñas, sin descuidar 
los déportoa que vigorizan su naturaleza ya de por sí débil 
debo ser «incamicada al ritmo de loS moviinientoa y a la ar- 
monía y n la gracia üe los mismos. Y dejando de lado el es- 
t'úxlio de la parte higiénica diremos que solo esta clase do 
ejercicios pueden realizar eficazmente la cultura artística del 
niño. He de citar don este motivo el sistema seguido en nues- 
tra Fnivci-sídad de Mujeres, en donde tanta importAncia so 
ha concedido hasta hace poco a la educiición física. Mo- 
vimientos rítmicos de gracia acompañados por mímica, 
alteniabiin :i¡lí bajo la inteligonte dirección de profesores nor- 
teamcrioenús con la práctica de algunos deportes ( aquellos 



— 56 - 



que permite la deficiencia del locnl), con marchas, saltos, ejer- 
cicios do fuerza acompañados de sus correspondientes apara- 
tos 7 también con danzas clásicas y bailes do salón. Tengo 
entendido que el mismo sistema se practica en el Instituto 
particular < Crandon > uno de los establecimientos de enseñan- 
za que mejor cultivan esta ruma de la cultura higiénica y 
artística. Croo inútil recordar la importacin que en Atenas, 
país por excelencia del Arte, se concedía a la danza y a los 
juegos. Para dar solamente una idea aproximada de la impor- 
tancia atribuida a esta clase do ejercicios, recuérdase solamente 
que la daaza formaba parto ni mismo título que el lanzamiento 
del disco, la carrera a pie y a caballo, el tiro de flecha o el 
pancracio de toda educación medianamente completa, Los 
juegos comenzaban la educación del músculo pura la fuerza, la 
agilidad y la gracia cuando el niño alcanzaba la época do la 
pubertad que se calculaba alrededor de los 16 años y cuando 
había terminado ya su educación intelectual y moral. • I^sta 
educación física de la segunda infancia, dice Theodore Rei. 
nach, el ateniense la contia;iaba durante la juventud y durante 
la edad madura. Solamente que, en vez de asistir a la pales- 
tra, concuiría al gimnasio o a los estadios a ejecutar sus 
ejercicios cotidianos. Muchos prolongaban esta costumbre hasta 
los umbrales de In vejez, que los encontraba aún con el cuerpp 
derecho, robusto y ágil ». Estos ejercicios los practicaba al 
aire libre, el cuerpo completamente desnudo, que untaba, para 
cieiios ejercicios de lucha, con aceites y materias grasas. La 
danza, sobre todo la danza religiosa formaba parte importan- 
tísima de la educación de los jóvenes de ambos sexos : muy 
conocida es la anécdota de Sófocles, adolescente, que según 
se asegura poseía una bolleza ca.'íi perfecta, bailando, dea- 
nudo, al frente del ejército vencedor en Salaminu, para festejar 
su triunfo. Es también generalmente conocida la institución 
de la efebf», que según asegura Reinach no poesía el carác- 
ter universitario que le fué atribuido durante mucho tiempo 
y sí sólo el do instrucción militar que se daba a todoH Iur 
adolescente-s, en la época compvcmlida ontre los siglos I.V y V. 

De todos los países modernos. Inglaterra es tal vez, el quo 
mejor hn resucitado eate carácter gviego de la uducución, 
aunquo dando n>ayor preferencia a Ion ejíM-cicios de fuerza y 



de destreza que a loa de agilidad j gracia. Sin embargo ed 
necesario citar en favor do estou últimos un interesantísimo 
establecimiento inglés : la • Escuela de danzas populares de 
Stratford sur Avon>, a la cual concurren los maestros e insti- 
tutores para distribuir luego esta enseñan/.a a todos los rinco- 
nes de la campiña inglesa. Como su nombre lo indica, la Es- 
cuela enseña los cantos y juegos propios del pueblo, que lian 
sido recogidos, anotados y publicados por algunos entusias- 
tas lolk-loríslos. Los cursos, dirigidos por Mr. Cecil Sharp, 
que es él mismo un músico de talonto y coleccionista de vie- 
jas canciones, duran sólo un mea, Agosto, y coinciden con el 
fe'stival Sliakesponrinno que se realiza anualmente. Compren- 
den varias secciones do danzas y de canto, aún cuando este 
último solo se practica como descanso y acompañamiento de 
las danzas. Stratford enseña también juegos musiculos o can- 
tos mímicos, destinados a niños más pequeños. También en 
cata sección loa alumnos son jóvenes maestras priroarins que 
van allí con ese único ñn. En ocho días hacen acopio de 
juegos y Canciones quo llevan luego a mis respectivas escue- 
las. Es en Stratford en donde la ya citada Lady Gomme, es- 
pecialista en esta clase de danzas y canciones, dió interesan- 
tisimas conferencias a las'nluranaa sobre su origen, y signi- 
ficación histórica, nobre la conveniencia de mantenerlas y 
propagarlas en las escuelas, ( Revue pedagogique - 1913 ). 

Mucho hay que hacer entre nosotros antes de conseguir 
9omejante.<) resultados. Poro sin pretender que nuestras escue- 
las don una euHeñanz.i artística completa, es muy dable es- 
perar que por lo menos los Institutos Normales de Maestros 
agreguen a sus programas un curso du gimnasia artística, 
en donde loa alumnos aprendan, como en Stratford, una serie 
de ejercicios rítmicos, y de danzas y juegos fácilmente adap- 
tables a la infancia, que llevarían luego a sus respoclivas 
escuelas para ser enseñados sin mayor dificultad a los alum- 
nos. Es cierto que existe un curso de gimnasia, y que ésta 
es tarobiúu obligatoria en las escuelas primarias; pero su ob- 
jeto está lejos de ser llenado, tartto desde el punto de vidta 
artístico como desde el más importante aún, higiónico. Una 
buena tendencia actual, lleva, sin embargo a caai todos los 
maestros, a acompañar con música — piano por lo general — 



— 68 — 

las marchns infantiles, con lo que se consigue una mayor 
facilidad y homogeneidad en el ejercicio y un interés moyor 
en el niño. Pero sería do desear que no se concretase solo a las 
marchas el acompañamiento de la música, y que se extendie- 
ra a toda una serie de ejercicios de gracia que dan agilidadi 
soltura y elegancia a los movimientos y proparnn luogo el 
oído y el cuerpo ni arte completo dol ritmo. 



Solo nos falta ahora decir dos palabras sobre la más inte- 
resante y fácil forma de contribuir a tina buena cultura ar- 
tística: la poesía. Para sentirla y amarla, y hacerla a la vex. 
sentir y amar a los domas, no es necesario como en la música, 
la gimnasia rítmica o ol dibujo, una preparación especial pre- 
via; sólo requiero del maestro un poco de gusto y mucho 
corazón. No es necesario ser poeta para inculcar on loa niños 
el amor a la poesía. Y poesía buena, elevada, uoblo, existe 
ya, y existe en abundancia en nuestros países de' América. 
Como la m&sica, no tiene el inconveniente de la pintura ex- 
tranjera que aleja al niño de sus paisajes nativos para fami- 
liarizarlo con exóticos y desconocidos horizontes ¡ la músitía 
y la poesía, que son las más hondas o íntimas modulaciones 
del alma humana no son exclusivos de ningún país y de 
ninguna raza, porque no lo son ni lo han sido nunca los más 
nobles y más 'elevados sentimientos del alma humana. Y en 
cuanto al idioma que es la mayor dificultad de la poesía, de 
que' carece la mi\sica instrumental, la riqueza poética de 
América y de España es enorme. 

Digamos ahora algo de la importancia capital que tiene la 
poesía en la educación del niño. Volviendo do nuevo a Atenas, 
maestra de todas Ins artes, vemos eu ella que casi toda la edu- 
cación intelectual estaba encomendada a la poesía. « La recita- 
ción do \on poetas - dice Tkéodore Reinach en un interesantí- 
simo estudio sobre la educación en Atenas -desempeñaba un 
papel impoi-tanto en la enseñanza de la escuela. Los niños, 
una 767, quo. conocían la lectura y la escritura, debían 
aprender de memoria largos trozos de poesía ; no se tenía 
entonces la torpe crueldad do torturar su memoria con lee- 



ciones en prosa. Estoa trozos eran a veces elegidos por el 
maestro mismo en laa obras originales do los poetas, a veces 
tomados de antologías en donde . se les había agrupado pre- 
viamente ; pues es también a los griegos a quienes debemos 
la invención de las antologías . . . 

. . . Los trozoi» que los niños debían a veces recitar en los 
concursos públicos les quedaban grabados en la memoria 
durante la vida entera. Independientemente del beneficio mo- 
ral de que hablaré más tarde, obtenían de este ejercicio una 
triple ventaja. Pi'imero, se perfeccionaban en el conocimiento 
y el manejo do su lengua, facultad necesaria bajo un régimen 
político en donde la palabra era dueña de todo. En seguida, 
por la iniciación n los ritmos variados, por el encanto pronto 
gustado do las palabras armoniosas, bien colocadas y pinto- 
rescas, se esbozaban en ellos los primeros lineamientos del 
gusto y del sentimiento artístico. En fin, y no se ha insistido 
tal vez bastante sobre este punto, la lectura profundizada de 
los poetas permitía salvar las lagunas enormes del programa 
de enseñanza, y de familiarizar hasta a los que no debían 
continuar más adelante su educación, con un cierto número 
de nociones útiles a sn cultura general y aún profesional, 
No se enseñaba, en efecto, religión: las fiestas públicas, el 
Culto privado, bastaban para aprender los. ritos; pero el 
alumno que recoi-daba alguna cosa de la Theogonía de Hesiodo, 
de un himno do Orfeo, de uno o dos cantos de Hornero, no ig- 
noraba ni ol nombre ni la genealogía, ni el car&cter de ninguna 
do las divinidades del Pantheon nacionnl. No se enseñaba 
historia, pero aquel que, niño aún, se había estremecido al 
leer los « Persas » do Esquilo, o las elegías de Solón, que 
había tarareado In famosa caución a beber en honor de los 
matadoroa dol tirano, Harmodio y Aristogiton ; ése no olvi- 
daría juRiás los más gloriosos episodios de la historia de su 
granúe y do su pequeña patiia. No so enseñaba geografía; 
poro biistf.bii liabev penado al^o sobre el II canto de la Ufa- 
da — ese catálogo de pueblos griegos quj tomaron parte en el 
sitio, de Troya, con los nombres de sus jefes y el efectivo de 
sus barcos — pura tener una idea suscínta de la geografía de 
Grecia d» Europa. Los viajes de ülises, comentados por el 
ijíaostro, el «.lesmoinbinmiento de In armada de Jerjes en la 



— 60 - 



Peraéida de Choeriln? de Suidob agregaban un esbozo dol 
mundo mediterráneo, un vislumbre de la etnografía de Asia 
y Africa. No se enseñabun nociones usuales de economía po- 
lítica, ni la aplicación do las ciencias matemáticas, fíaicaa y 
naturales a la agricultura y a la higiene; pero aquel que 
había leído y releído ese memento de) buen labrador y esc 
calendario rural que áe llnma < Los Trabajos y los Días > de 
Hosiodo, sabía tal vez más sobre ol aspecto dol cielo estre- 
llado en las distintas estaciones, sobre el orden nacional de 
los trabajos agrícolas, sobre la higiene del agricultor y do 
la huerta, sobre economía doméstica y sobre economía en 
general, que muchos pequeños francese.t recién salidos, d^l 
estudio de los textos y provistos de su certificado de estudios 
primarios >. ( Revue pedogogique, 1918 ). 

Perdóneseme la longitud de la cita, en mérito a su interés. 
No hubiera podiilo decir mejor que lo hace Reinach en este 
párrafo toda la importancia ¡itribuida por Atenaa a la recita- 
ción, la que, no sólo era fuente de la mayoría do conocimien- 
tos que recibía el niño, sino también su mejor título de per- 
sona culta y educada. Tanta era la importancia atribuida, que 
Uien pudo decir Damon maestro de Pericles que • para refor- 
mar o relajar laa costumbres de un pueblo, bastaba agregar 
o quitar una cuerda a la lira •. NingAu ateniense, en efecto, 
era considerado medianamente educado si no sabía recitar de 
memoria, acompañándose con lu lira o la cítara, los. trozos 
m&K importantes de los más célebres poetas griegos ; y aún, 
llegado el caso, componer él mismo laa poesías que debía de- 
clamar luego en los banquetes, verdaderos torneos de litera- 
tura. 

Sin atribuirle en nuestros días ima importancia que sólo 
estaba juatifícada por la escuseis de los coDocimientos genera- 
les y sobro todo científicos de nquol tiempo, creo sin embargo, 
que ae ha relegado demasiado en nuestros dj'iis la importancia 
de la poedía en la eiicusla moderna. Niuguna enseñan-^a moral, 
en efecto, tiene mayor eficacia que !a lectura o declamación 
de un trozo de alta poesía, en donde los sentimientos mora- 
les, generosidad, abnegación, piitrioLi::nio, liaUin expresados 
•ion una fuer^sa que no nlcanzará jamás la palabra d.^! maes- 
tre : la fuerza de la luspiración y la fuerza del ritmo. 



- 61 - 



La poesía, mejor que ningún otro, arte traduce y da vida 
ni sentimiento humano; mús cinra y más concreta que /la 
música, que es a su vez, más emotiva quo ella, la poesía ae 
dirige al mismo tiempo a la inteligencia y al corazón ; y 
como emplea e) instrumento anímico por excelencia, el len- 
guaje, es por todos, más fácilmente comprendida que lu mú- 
sica a la cual toma sin embargo el elemento emotivo : el rit- 
mo. Los heclios históricos que cantan nuestras glorias nació' 
nales, y despiertan y conmueven la fibra patriótica en el 
corazón del niño, la paz y la dulzura del hogar, la nobleza 
del trabajo, todas las grandes virtudes humanas, adquieren 
on la poesía, por el ritmo, por la belleza de las iroágimes, 
por la musicalidad de la rima, por el soplo de inspiración 
que los levanta, una fuerza de sugestión que nada ni nadie 
les podrá disputar, ünn lección de moral, en efecto, una na- 
rración que se lee en clase con fines morales, tiene siempre 
algo de artificial, de adaptado, de falso por consiguiente. El 
niño, de una perspicacia poco tenida en cuenta por lo gene- 
ral, adivina inmodiatameato el fin perseguido y adopta, en 
consecuencia, una actitud de espíritu en armonía con él. La 
falta de sinceridad en el maestro, la artiñeialtdad de su ense- 
ñanza, determinan, de inmediato, la falta de sinceridad eu el 
alumno. Sus miamas contestaciones, no son entonces, la ex- 
preeión de lo qne siente, sino que traducen sobre todo el es- 
fuerzo del niño para ponerse ni diapasón de la lección. Es cu- 
rioso constatar el ingenio que despliegan para encontrar res- 
puestas que sean, no la expresión fiel de lo quo piensan, sino 
lo que ellos creen que ha de satisfacer a su enseñante. Do 
ahí la poca o ninguna eficacia de estas lecciones, ejemplos, 
narraciones, o simples preceptos que el profesor administra, 
u horas fijas a sus alumnos, como dosis de una medicina 
preservativo, sin convicción y sin entusiasmo; y que el alum- 
no recibe con la misma falta absoluta de sinceridad, de en- 
tusiasmo y do convicción. 

La poesía que el niño conoce perfectamente no haber sido 
escrita cou premeditado fin moral, que lee a cualquier hora del 
día y no a la hora fijada para la moral por el hornrio, que 
aprende de memoria, que recita en la escuela y eu su casa y 
que oye declamar al maestro, obra con nna fuerza y eficacia 



— 62 — 



poilerosíaimas en el alma y el espíritu infantiles. Pero es 
preciso qno el trozo elegido sea un trozo de verdadera poesía 
que no haya sido escrito pura ellos con un ñn moral ; pues de 
lo contrario toman inmediatamente esa actitud entre dócil 
y resignada con que reciben las lecciones corrientes de moral. 
Esta me produce siempre en nuestras escuelas el efecto de 
esas medicinas amargas que se disimulan en jarabes o dulces 
para hacerlas aceptar fácilmente a las criaturas y que éstas 
descubren siempre bajo su disfraz más o menos perfecto y 
se resíttton onérgioaraento a tomar. De mí sé decir que los 
troKoa de poesía aprendidos durante mi infancia sin selección 
alguna, que recitaba para mi sola, y entre los que recuerdo 
como los que mayor impresión me causaban, a la « Leyenda 
Patria > de Zorrilla y al < Andresillo > de Roxlo, han influi- 
do considerablemente en mi carácter, predisponiéndolo desde 
entonces a la percepción de las cosas bellas, y determinando 
o a lo monos estimulando mi vocación por la literatura. 

Y aún cuando la poesía no influya en los ánimos infantiles 
con la misma trascendencia que para mi 7ida tuvo, aún cuando 
loa niños no sean todos igualmente sensibles a la belleza y a 
la sugestión del verso, algunos trozos de poesía bien elegidos 
por el maestro, y aprendidos en la niñez, alegran el espíritu, 
consuelan muchas amarguras y abren el iilma al anhelo del 
Infinito y la sed de Ideal. Yo repito con Félix Pécaut las be- 
llas palabras del Diccionario de Pedagogía, en el artículo 
Poesía : « La poesía y el canto se convertirán en los agentes 
de la cultura mornl ; mejor aún, de la Civilización. Tanto, y 
tal vez más que por la moral didáctica; mucho más sin duda 
alguna que por la aritmética, la gramática, la historia o los 
elementos de física o do química, es por el conocimiento de 
osa músiea que todo hombre lleva dentro de si, i^ue nuestros niños, 
atinándoae, t>nlióndoae, se despojarán dia por día del animal 
primitivo, del salvaje, para transformarse poco a poco en 
hombres capaces de concebir el Ideal, la regla, y de confor- 
marse a ella. Lecturas y recibiciones frucnentes. sesiones de 
fiestas, el ejemplo, aobre todo, ditl maestro que lea y recite él 
mismo con gii.sto y con emoción no fingida ; he ahí lo que 
hará entrar la poesía en la¿^ costumbres del pueblo. Entonces 
solamente la igualdad de clases estará próxima a ser una 



realidad, por la igualdad de la cultura moral; entonces la de- 
mocracia llegará a aer una verdad, porqiie la nación tendrá 
«n alma ». 

Aparte su noble influencia moral, la poesía tiene también 
gran eficacia ^n la enseñanza del lenguaje. Aún no admitiendo 
con George Maurice su falta de influencia en el vocabulario del 
niño y conocimiento del idioma-, porque según él : «el lenguaje 
de los poetas do es accesible a los niños ; aún reconociendo 
con él c que para comprender la poesía lírica se necesita una 
cierta cultura, y que, por lo tanto, un escolar que no posee 
aún el vocabulario corriente, que no estíL habituado a los jue- 
gos de la abstracción, dal símbolo y de la metáfora, no puede 
retener con provecho las expresiones de un Hugo o de un 
Lamartine j que por otrii parto, el lenguaje de los poetas, en 
su terminología y en su sintaxis es una lengua a parte que 
al querer enseñarla a los niños para el perfeccionamiento del 
propio idioma se corre el riesgo de deformar con grandes erro- 
res DO es menos cierto también que el niño retiene y recuerda 
con mucha mayor facilidad expresiones y términos aprendidos 
en nn trozo de poesía que en un trozo de prosa. El reproche 
que dirige Maurice a la poesía, puede dirigirse exactamente 
a la prosa literaria. .Uu discurso, una descripción de alta lite- 
ratura, emplean otros términos y otra construcción, que el 
lenguaje corriente, porque se expresan en lengua literaria que 
es, toda ella diferente de la lengua vulgar, y no solamente 
la poesía. 

Por otra parte, las dificultades de un trozo poétieo deben 
estar en relación con In claae a la cual esté- destinado, y co- 
rresponde al tino y buen sentido del maestro el saberlo elegir 
de acuerdo con l;i calidad de su auditorio. 

Y volviendo de nuevo a mi experiencia de niña, que puede 
servirme de mucho provecho, debo decir que nada enriqueció 
más mi vocabulario infantil que esas palabras nuevas que se 
present:iron a mí espíritu revestidas con todas las galas del 
ritmo, cüu todo el prestigio de la poesía, con todo el encanto 
misterioso i1«í lo quo no se penetra por completo. Esos tér- 
mino.'; que imprbsionaban así fuertemente mi imaginación 
penetraron en mi lenguaje con mayor eficacia y mayor 
fuerza ijno loiios aquellos otros aprendidos en ejercicios y 



- é4 - 

lootnraa en proBa. Y agregando ahora a mi • experionflin |,^. 
fantil esta otra tan eficaz de profesora, diré que ningAn troxo 
caatellano impresiona máa a mia alumnas de la Univaruldiul 
lie Mujere*, que ningún término o expresión e» mejor nnlm\' 
lado y mejor empleado, que aquellos que vienen rev^tldon 
con el magno prestigio do la poeaía, y en especial de la 
sia lírica. 

Como ediicndoi-n, como colaboradora de la moral, coidq 
roaentra del lenguaje, como inabrn mentó de alto placer nrllM- 
tico y deaintoresado, hi poesía reclama im pnesto P" vi Iniciado 
on niiestroa progiamas de enseñonza. 

Pero para aer sentida y para ser amada, necesita im UiUtr- 
pvete digno de ella misma. Diremos por eeto, con Goor^MH 
Mnurice : • Para presentar la poonía lírica a los niños nn no. 
cesario sentirla y amarla. Una cultura litcruiia demiuiiulo 
superficial podría no ser eficaz. Un joven que a.nle do la Rn. 
cuela Normal, qne tiene gusto, que ha liecho, sino profnnilu* 
H lo menos concienzudas y sólidas humanidodes puede nnp 
fácilmente un buen intérprete do nuestros grandes pootn» 
líricos. Pero si so da cuenta de qne no vibro a su llatnailo . 
si por impotencia de imaginación o de cultura pennntittoo 
sordo a sus vocee; o si, aún, por haberlos descuidado doma, 
síado no los comprende ya, por favor, que no se esfuero^ en 
interpretarlos cerca de loe niños. Hay ejercicios, enlrn jo, 
•trabajon de la míis humilde escuela quo no toleran la modio. 
cridad: valo más no empeñarse en realizarlos que consaunip. 
les un tiempo' mejor empleado on otras co-sas». (Revuo padu* 
gogique, 1918). 

Como en las otran vamaa del Arte, la selección de tnr^oii 
poéticos es también punto capital on eatá rama. No hay enirn 
nosotros un poeta come Manrico Bouahor en Puincia, (|||„ 
haya consagrado a los niños su inspiración y su talunto, 
creando una poasía sencilla, armoniosa y con un soplo dit 
inspiración verdadera. La poesía lírica emplea, sobre todo, 
dos intensa» cuerdas emotivas: ol amor y la muerte, qiu, no 
conviene h.icor vibiav prematuramente en las almau infaiai. 
los; y de ahí viene la dificultad en la elección de los tro/on 
poéticos, que deben ser realmente poéticos y que deben imil^r 
ser colocados en manos de criaturas. La poesía descriptiva 



carece de estoa inconTenientes, es en cambio más fría, menos 
emotiva que la poesía lírico. Hay, sin embargo, para quien 
sabe buscarlos, muchos y bellos trozos de gran emoción que 
cantan el sentimiento patrio, el amor' maternal, el trabajo, 
los goces del esfuerzo, el placer de la victoria o las bellezas 
de la Naturaleza. 

Para nuestras escuelas de América es preferible siempre la 
poesía americana a lii poesía traducida y aún a la española. 
Esta última más rica en general, de léxico, más clásica o 
únicamente clásica, adolece para nosotros del mismo incon- 
veniente que señalaba en otro lugar con respecto al arte im. 
portado. Su terminología, su paisaje, sus escenas descritas 
son harto diferentes a las nuestras y corremos el riesgo, al 
darla a nuestros niños, de desviar su sensibilidad fresca y 
sincera hacia un gusto literario puramente libresco y apartar- 
lo por completo de toda realidad — tendencia por desgracia ya 
demasiado marcada en nuestios países americanos. La litera- 
tura sudamericana es ya bastante rica para que cada nación 
pueda contar por lo menos a tres o cuatro poetas suyos cuyas 
obras puedan dnrs^ a conocer a los niños. En este sentido 
estrictamente nacional serán preferidos entre nosotros los 
versos de Rozio y de Zorrilla de San Martín, menos perfec- 
tos, menos esculturales que los de Herrera y Reissig, sobro 
todo que sus «Sonetos Vascos», pero más en armonía, en 
cambio con el lenguaje y la naturaleza nuestras. 

Lo cual no quiere docir, en modo alguno, que deban dese- 
charse las poesías de tan alto valor como lo son las de este 
autor, y mucho menos las de los grandes poetas clásicos de 
España. Todo está en la edad de los alumnos y en el tiem- 
po en que se las dé a conocer y también en el modo de ha- 
cerlo y las explicaciones del Profesor. 

Abundan entre nosotros los libros de lectura para uso de 
las escuelas primarias ¡ pocos son, sin embargo los que reú- 
nen las condiciones necesarias de valor literario en los trozos 
elegidos y de alcance moral para el alma de los niños. A este 
respecto la recopilación poética efectuada por el señor Joa- 
quín Mestre en sus • Lecturas Suplementarias > es la que 
mejor satisface, a mi modo de vur, tales exiguncias, si se des- 
cartan sin embargo algunos trozos de muy escaso o nulo ya- 



— 6G - 



lor literario y que empañan la selección hechn, por otra parte 
con gusto seguro y acierto pedagógico. Solo desearía en ellas 
un lugar más impoi^tante para nuestros poetas nacionales. 



VI 



Para llevar a cabo con éxito y con nlmn la educación es- 
tética, es necesario ante todo que el maestro tenga profunda- 
mente arraigado el sentimiento de lo BhIIo. Ln educación 
artística, como la educación moral a la que tanto se parece 
en su esencia intima, no radican en un conocimiento intelec- 
tual más o menos hondo de ciertas nociones o ideas ; no se 
dirije a Ir inteligoncia, ni puede satisfacerse con programas 
o textos. Como el sentido inoml, el Rontulo estético forma la 
trama misma del espíritu: y para transmitirse a los demás, 
exijo sobre todo y más que todo ene don apoaiólko de la per- 
suasión, del contagio en el fervor, de ln comunión en el 
Ideal. Es por la fuerza del sentimiento que el sentimiento se 
propaga de alma a ulmo, y no por la claridad del razona- 
miento, ni por la lógica de la exposición.' Requiera puea, del 
maestro, unción, fervor^ una íntima y profunda convicción, 
un sentimiento apasionado, un corazón y un espíritu artistas. 
Lo que decía Mauríce, refiriéndose únicamente a la poesía, 
lo repetimos al referimos n toda la educación estética : • Aquel 
que no vibra oX llamado del Arte, aquel que, por impotencia 
de imaginación o de cultura, permanece sordo a su vo7, ; o 
bien, por haberlo descuidado demasiado, no lo comprende ya, 
por favor, que no se esfuerce en ser su intérprete cerca de 
los niños >. No malogro con su torpeza o su insensibilidad 
la delicadeza de ese sentimiento que quedará de otro modo, 
tronchado para siempre en el alma de los niños. Vale más 
no hablar de Arte que hacerlo en forma irrespetuosa o fri- 
vola. < Hay ejercicios, entre los trabajos de la más humilde 
escuela, que no toleran la mediocridad >. Y ol Arte, como la 
moral, pertenoctm a esta categoría de actividades. Lo que ha 
pasado en nuestras escuelas con la segunda de estas asigna- 



- 67 - 



turas, nos airvA, por lo menos, do experiencia' para no repe. 
tirio oon la primera. Bastará la educación inconsciente o me- 
jor dicho, la influencia que destile sobre el alma del niflo, el ' 
marco escolar en donde pasa tantas horas de su día, pata ir 
modelando las almas infantiles en el gusto y la predisposi- 
ción del Arte, como basta la influencia omnipoderoaa del 
ejemplo para formar caracteres puros y elevados, sin que la 
palabra inexperta e inexpresiva del maestro anule loa bené- 
ficos resultados de tales sugestiones. 

Por estas razones, la educación estética debe comenzar por 
el maestro. La educación de la infancia, os ya un arte: la 
más difícil y la mas compleja de todas las artes. Modelar un 
carácter, cnar una conciencia, dar vida a una personalidad 
humana aa una obra muy superior a la más bella de las 
obrnri de orte. El maestro debe pues, ser un artista, y un ar- 
tista superior. Las Cscnelaa Normales son las encargadas de 
difundir en el espíritu de sus alumnos ese fuego sagrodo quo al 
decir de Valle Inclán ha de reemplazar en las sociedades fu- 
ruraa al faego sagrado de las religiones. Por esta íntima co- 
rrelación entre el Arte puro y la Educación, por esta armonía 
de sentimientos, es en las Escuelas normales, donde mayor 
eficacia y mayor trascendencia tendrán las dasea de Arte, 
Además de las materias especiales que han de ser objeto luego 
de aplicación directa en las escuelas primarias, dibujo, pintura, 
canto, declamación, música, gimnasia rítmica y danza, las 
Escuelas Normales debieran incluir on sus programas una' 
clase de Arle genere!. Estt< curso, dictado por un artista verda- 
dero, lio tendría tanto por objeto, enseñar Historia del Arte, 
ni los diversos estilos arquitectónicos o de decoración; ni mu- 
cho menos una uomenclaturn de los grandes artistas de la 
humanidad ; pero reuniendo a' las nociones someras de todo 
esto las fundamentales de Estática, biografías de los grandes 
genios artísticos, llevaría a los futuros maestros en un por- 
tentoso viaje a través del mundo y del tiempo y les daría a 
conocer por medio de conferencias, de máquinas de proyección, 
cinemnt6<;ral'os, reproducciones en negro y en color, visitas a 
los museo», etc., la selva innravillosa de obras de Arte con 
que el genio humano ha embellecido la tierra, y encendería 
así, en auá corazones, una chispa de nmor por ese destello do 



- é8 - 



divinidad, el más puro de los que Prouietoo robó al Olimpo 
qne alienta en el alma de los grandes artistas. El contacto del 
espíritu con el Arte elevado, que abre amplísimos horizontes 
a la vida, refrescaría con un soplo de cumbres al magisterio 
banalizado por la estrechez de nna tarea ímproba y sin ali- 
cientes ; y al levantar con su aliento creadoi- el alma del maes- 
tro, infundiría nueva vida, una vida fecunda y pródiga en 
trascendentes consecuencias educacionales, al organismo em- 
pobrecido de la escuela primaria. Una clase de Arte en las 
Escuelas Normales. lejos de recargar más los estudios magis- 
terialos, ya un poco pesados, sería una diatracción y un encanto 
aportados a la carrera ingrata do la enseñanza ; una quebrada 
abierta hacia nuevos paisajes del alma-, un sendero marcado 
a nuevas y más interesantes actividades. El amor al Arte da- 
ría irayor flexibilidad intelectual, mayor cultura general a 
nuestro magisterio perfectamente preparado por otra parte 
para sus tareas profesionales ; pero a\ que falta por lo general* 
esa Amplia comprensión de espíritu, esa abierta simpatía por 
toda otra actividad, que ae echa de menos en todos los espe- 
cialistas, dedicados exclusivamente a su profesión. 

Los cursos especiales de materias artísticas, aon ante todo 
indispensables a la formación de los maestros, encargados 
de realizar luego en la escuela, la educación estética. 
. £1 canto coral y solfeo deben ser completados por un cur. 
so elemental de piano para acompañamiento de esos mismos 
cantos ; el que podría ser facultativo en vez de obligatorioi 
como curso de'especialización paca aquellas alumnas quema, 
yores aptitudes demostraran para lu música, las que se en- 
cargarían luego de la enseñanza musical en sus respectivas 
escuelas mediante una equitativa retribución snplementarin, 
tal como lo acaba de proyectar la comisión que estudia entre 
nosotros la enseñanza de la música en las eacuelaa y a la 
cual he de mencionar más adelante. Con el mismo objeto es 
necesaria la creación de un curso especial de declamación en 
vez de incluirla en el más general ric lectura expresiva como 
lo estii actualmente en la Escuela Normal de Maestras; y un 
curso de gimnasia rítmica o Kalistonia que no existe en nin- 
guna forma. Todos los profesores encargados de estos cursos 
deberían, no solamente preparar a los futuros maestros en In 



— 69 - 



comprenBión y ejecución de su orte rospectivo, sino también 
facilitar a sus alumnos los trozos poéticos, cantos, coros,, sol- 
feos, danzas, ejercicios rítmicos y juegos que ellos him de 
ensefiar luego en las escuelas primarias, como lo hace, con 
su matei'ia la Escuela de cantos y danzad populares Strat- 
foL-d-aur Avon. No he liablado, exprofeso del curso de dibujo, 
porque creo realiza por completo su objeto en nuestra Escue- 
la' Normal de Señoritas ¡ pero al cual se podría agregar, sin 
embargo, un curso facultativo de pintura en las condiciones- 
indicadas para la música. El dibujo es de todas las asigna- 
turas artis'ticas la que mejores resultados da en nuestras es- 
cuelas ; gracias tal vez al entusiasmo y al amor con que fué 
enseñado al primer grupo de maestras que en la escuela nor- 
mal de señoritas preparó según el método moderno hace de 
esto tres o cuatro años el señor Vicente Puig; y que ha con- 
tinuado con el mismo gusto y el mismo amor la actual pro- 
fesora de esa asignatura. 



Como se vé por lo que llevo expuesto, algo se ha realizado 
ya entre nosotros referente a educación estética. El primer 
proyecto de ley que organizaba la enseñanza artística de una 
manera racional y completa fué presentado a las Cámaras 
por el diputado por Montevideo Dr. Francisco Alberto Schinca, 
espíritu artístico y poeta inspirado él mismo, el 14 de Julio 
de 1913. - 

Por lo completo del proyecto y la importancia del mismo, 
y porque colma Ins aspiraciones de la pedngogia artística 
transcribo aquí el articulado de dicho proyecto, y no hago lo 
mismo respecto a la exposición de motivos por la extensión 
de la misma y por que ellos son más o menos los mismos 
que llevo expuesto en el curso de este trabajo : 

• Artículo 1." Créase una Comisión encargada de estudiar 
los elementos necesarios para fomentar y estimular la educa- 
ción estética en las escuelas primarias de la República. 

Art. 2." Los fines a que ■ obedece esta creación son los 
siguientes : propender a que el niño ame lu naturaleza y el 
arte, hacer a la escuela más atrayente y mi'is simpática y 



— 70 — 



ayudar a la formAoión del gusto y ni desai'rollo dé la edu> 
cboión moral y social de lo niñez y de 1a juyentud. 

Art. d.*> Esta Comisión deberá prebcuphrae de elevar a lai 
■consideración del Ministerio de Instrucción Pública un plan 
de educ&ción bn que se tenga en cnentA las 'ftigitientes cues- 
tiones : 

A ) La arquitectura y el deoorndo de los edificios escola- 
res a fundarse 6q el paíS) y él adorno de lo9 áblones de clase 
y dem¿s dependencias de la escuela; 

B) La difusión de la imagibetíe escolar eh los muros y 
en los textos ; 

G ) La formacióh de una colección de e^tamphs postalés y 
grabados para los niños con reproducciones de cuádrós béle- 
bresi defttinadoa' a difundir éntrb los alumnos el Amor a lo 
bello; 

D) Resolvbr sobre la mejbr manera de imprimir e ilustrar 
■en forma artística los libros de lectum en ubo en las escue- 
las páblicas ; 

E) Estimular la enseñanza del dibiiio en forma obliga- 
toria ; 

F) OrgahisAcióti del (¡cabajo manual en lae escuelas)' 

G) Re^lamenbaoión de la enseñanza de la ulúBíca median- 
te la formación de dtfeonea infantiles y la organi^tacióa de 
«onoiertós périódicfos dedicado^ h los educandds ; 

H) Hacer obligatorias las visitas b lOs Museos y las ex- 
'Cüt^ionés al campoj con fines ilustrativos ; ' 

I ) Organización de espectilculos para los niños, qlié po- 
drían consistir en sesiones cinematográficas ■ o en f imoiohes 
teatrh,les adoptadas al temperamento y a la nlentalidad de 
aquél lo!9 ; 

J ) Uelflcción de obras literarias aparentes con los que 
pueden constituirse pequeñas bibliotecas escolares*. 

El resto del articulado se refiere a la composiciiSn de dicha 
Coihisióu y a sus facultades y atribuciones. Lo que más nos 
interesa fes, por lo tanto el art. S." que compendia perfecta- 
mente todo un t)rograma de enseñaüKu artística. Sólo agro- 
daríamos a él, la enseñanza estética Normal que no figura y 
que es de primordial importancia para que ella tenga éxito 
luego en la escuela primaria; Agreguemos qüe desde el año 



101B eh que diolió projrecfco iilé t>l^eaentado,: haétA ho^, iHudhb 
se ha reftlizado- entre nosotros bdtno váretaloS luegOi- Peto dfií 
j todo este Con^resb debé fortnular tiü Votd par^ü6 8dte y 
semejantes proynctoa de ley éeah bftnúionndüB en todüs ld% 
países americanos a fin de liácer efectiras Ifts l«8pira()iC>neS 
de lu pedagogía artística. 

. Oon anterioridád a ebte pifoyecbo, la entbncdB Dirtlcblón Q. de 
I: Pública; resolvió pot indicbción del Insptfctbt Nacional 
Doctor Abel J. Pérez, solicitár la ¿utomációtt ileoésnría para 
adquirir algunas copias 4le estatuas célebres á. fin de éñsayár 
en las escuelas públicas la influencia educativa de las obrad 
de at-te, en Mayb de 1909. 

En Agosto del mismo año se sancionó un proyécbo del vb- 
oal Dr. Ambrosio Ramasso por el que se disponía el adorno 
con plantas y ñores de los salones de clase y aún de loa pa- 
tios de las esctlelfts. Una de las ciúuaulaij de su aiticuládo 
establecía que cada escuela rural debía destinar una pkrte dd 
los terrenos de. labor que les correspondiesen & Id bréaciótl de 
pequeños jflrdineé que habría que confiar a la solicitud, y ál 
cuidado de los alumnos. ( Citados por el ddotor Sohl&CA én la 
■exposición de motivos ): 

. Tod6s estos, prbyectos han teñido como inmediata dóbse- 
cuencia el mover la opinión del magisterio haaid esta ihttí- 
reaontÍHlma cuestión; y nuestros maestro^, siempre prontos 
Q llevar a la escuela toda noVedad que importe un beñeñcio 
y un progreso, realizaron ellos Sólosi cbn süs propios récür. 
-sosi como lo habían héclio ya también sin OÍ apoyo y sin el 
estímulo de su gobierno lo.i institutores de Francinj gran par- 
te de las aspiraciones artísticas. Casi todas nuestras escue- 
las do Montevideo han desterrado Ibs carteles de los miiros^ 
de clnse y los han sustituido por Idminas y grabados. 
Plantas y íiores adornan los locales escolares,— suminis- 
tradas muchas de ellas por la Dirección de Parques y 
Jardines — en la medida en que lo permiten Ins mismas con- 
diciones del local. 

La Eñcubla Normal de Señoritas, lu Escuela de Aplicación 
adjunta. i& de 2.0 grado N." 14 de l.er grado N.« 4 y algunas 
más que encapan a mi memoria han realizado casi dompleta- 
meute el ideal de la«dccoracÍón artística mural. Los libros de 



lectura ilustrados por su autor Sr. José H. Figueira ostentan, 
reproducciones de cuadros cÁlebres perfectámente escogidos 
La enseñanza del dibujo, como ya lo he hecho notar más de- 
una vez en el curso de este trabajo realiza. casi por completo 
las exigencias de una buena cultnrn artística. 

En muchas escuelas de 2.° y S.cr grado se ha establecido un cur- 
so especial de modelado a cargo del escultor Sr. Angel Ferrari,, 
que completa %sí el curso de dibujo. Los alumnos trabajan en 
arcilla o plastilina copiando modelos naturales y vacían luego 
sus trabajos en yeso. Muchas escuelas adornan sus clases con. 
hermosos trabajos en yeso realizados por los alumnos. 

No es posible en forma alguna afirmar lo mismo de la 
enseñanza del canto. la declamación y de la gimnasia rítmica* 
Los primeros son de una pobreza artística completa : y salvo 
contadas excepciones no pasan de una vulgarísima mediocri- 
dad, debido en gran parte a !a dificultad de encontrar coros 
apropiados a las voces infantiles. 

Debo dejar constancia sin embargo, de los grandes esfuer- 
zos realizados por algunos maestros, los cuales gracias a su 
constancia han conseguido que en algunas escuelas se canten 
coros a dos y tres voces de Mendolhsson, Bossini, Verdi, etc.. 
y solfeos a varias voces adaptados de obras de Ohopin. 
Beethoven, Palestrina etc. 

Lo mismo cabe decir de la declamación que es en la gene- 
ralidad de las escuelas un remedo primitivo de arte sin natu- 
ralidad ni sinceridad, y completamente antiestético. En cuanto 
a la gimnasia rítmica no se tiene más noción práctica que- 
In de algunos juegos y cantos-bailes que solo tienen por objeto- 
producir un efecto agradable ilii conjunto en las fiestas esco- 
lares, pero sin ningún valor .nfcífiticü ni educativo. 

Las actuales autoridades escolares han intentado también 
realizar algo en sentido de la educación artística; y entre 
sus iniciativas m<ás interesantes es necesario señalar el nom- 
bramiento de una Comisión formada por el Inspector Técnico 
y algunos de nuestros más copocidos; músicos; la que (iene 
a su cp.rgo programar y llevar a la práctica una serie de 
cursos magisteriales de piano, canto y declamación aplicada 
ii este último; para los cuales se han inscripto ya 152 maes- 
tros recibidos, lo que dennie-stra una vez más su entusias- 
mo y su dedicación. 09i«\»,mwm, ^ Á.' 



CONCLUSIONES 



I. La educación artística on América del Sur debe 

tener una finalidad preferentemente cultural, 
II. Lft educación artística debe comenzar por los edifi- 
cios que forman el marco de la vida escolar. Cumple 
pues, a los gobiernos de los países sudamericanos 
dedicar preferente atención a la construcción do lo- 
cales escolares amplios, aireados, sencillos y elegantes. 

III. La decoración moral y ornamental' debe ser sobria 
y sencilla. 

IV. Los mapas, carteles, planos, aparatos de física, eos-' 
mbgrafía o anatomía son auxiliares de la instruc- 
ción e instrumentos de estudio ; no deben por lo 
tanto ser utili'.ados como adornos de los muros, ni 
como medios de embellecer las clases. 

V. Deben desterrarse de las eacuelas todos aquellos ob- 
jetos mal llamados de Arte, que, a título de ador- 
nar los Jocales escolares solo contribuyen a des- 
arrollar el mal gusto de los niños. 
VI. Las plantas y flores naturales son medios al alcance 
de todos de adornar con gracia y alegría la rasa de 
los niños. 

VII. Los tintes claros y risueños de laa paredes, la luz, 
el sol, la escrupulosa limpieza, las plantas y flores 
y algunas e8tp.mpa8 de buen gusto, sencillas y ale- 
gres deben constituir el principal adorno del edifi- 
cio escolar. ^ 

VIL Loa paseos y excursiones al aire libre que ponen al 
niño en contacto directo con la Naturaleza son una 
fuente inestimable de sugestionea artísticas, 



VIII. El arte escolar nnioricnno debe inspirarse anto todo 
en la Naturaleza americana. 
IX. La ediicjioión artíática propiamente dicba. eu nues- 
tros países que no cuentan adn con un ambiento de 
Arto propio, ni con suficiente material artístico en 
donde no existen verdaderos museos de Arte, ni mo- 
numentos, ni catedrales, ni estatuas, debe darse pre- 
ferontemunto por medio du litog-nifíaa, foto{;rab:idos. 
láminas coloreadas on general y cintas cinemato- 
grúfícas. 

X. El cinematógrafo en especial, os un factor irreem- 
plazable en la escuela: no solo como instrumento de 
enseñanza sino también como medio educativo, mo- 
ral y artístico. 

XI. Las escuelas deben poseer su colección de láminas 
de sistema prGfer>>ntomccte móvil, a fin de no habi- 
tuar ?. los niños a la contemplación de las mismas 
imágeoed. £1 sistema de rotación de escuela a ea- 
cuela debe ser preferido por la novedad y diversidad 
que ofrece a los ojos de los niños, en loe sujetos y 
composiciones. 

XII. Las ropro'ducclouoé'dd' cuadros célebres, monumentos, 
paisajes y obra» -maestras en general serán preferi- 
dos, a.-.cuulesi^ia^era otras laúiinas. pues el penetra 
niTtó aprecia más las obras de arto cuyo sentido nc 
por completo, que aquellas realizadas expresamente 
para ól y que llevan generolmente un sello marca- 
dn.aiento pueril. 

XIII. El canto, la doclomación y la gimnasia rítmica son 
tambiún importantísimos factores de la cultura artís- 
tica; y como a tales debe dárseles la atención que 
merecen en nu'iscras escuelas. 

XIV. A íin de no voiver demasiado pesada 3' dificultosa 
la tarca dül maestro es deseable y aún necesario 
qud odt-jLs asignaturas sean dictadas por profesores 
esiiüciiilixados y en hotna udccuada.s fuera del iioni- 
l iü niii'amenie eacolar. 

aV. Üi ü'oro <ie lectura u.-? ír.ctor importante de la edu* 
cación artística. Es ncceuiu'ia la cooperación de los li- 



- 76 - 



teratos, poetas, y- maestros en la realización do li- 
bros do lectura de arte elevado, sano y en armonía 
con la naturaleza infantil. 
XVl. El dibujo encierra en sí el doble iín déla enseñanTia 
artística: cultural y utilitaria ; úl e»ii destinado a 
constituir la base de las Artes aplicados n la In- 
duatriíi. 

XVII. La enseñanza del dibajo debe ser mirada con espe- 
cial dedicación y cariño pues ellit ha de contribuir 
a la formación de lo^ futuros obreros, y en tal sen- 
tido debe ser encaminada, sin perjuicio del . dibujo 
puramente educativo por la línea, el colorido y la 
invención. 

XVIII. Do todas estas conclusiones se desprende que la 
educación artística en la escuela aolo puede ser dada 
por maestros -artistas. Ella debo empezar por con_ 
siguiente en las Escuelas Normales y de allí exten- 
derse a las £»cuolo3 Secundarias y, por último, a la 
Escuela Primaria que será :il fin. centro y . principio 
de toda cultura artística. 



Meyo 1919.